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Investigación

Tiembla la 4-T con Ahumada

Los negocios que Ahumada hizo en la capital embarraron también a personajes como Carlos Imaz, ex delegado en Tlalpan, quien era esposo de Claudia Sheinbaum, entonces titular del Medio Ambiente en la administración 2000-2006 del Distrito Federal.

Redacción

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Adrián Rueda

Muchos se preguntan cómo es que apenas se conocieron las órdenes de presentación por parte de la Fiscalía General de la República en contra de Rosario Robles por lo de la llamada Estafa Maestra, y de inmediato revivió Carlos Ahumada Kurtz.

Hace un par de semanas, la ex titular de Sedatu con Enrique Peña Nieto fue notificada de que debería presentarse ante el Ministerio Público de la Federación para declarar en torno a los millonarios desvíos de que la acusan durante su gestión.

Ello a pesar de que, cuando aún era presidente electo, Andrés Manuel López Obrador declaró que Robles era un chivo expiatorio y hasta el mandó un mensaje: “no te preocupes Rosario”.

Y la ex funcionaria no estaba preocupada hasta que le llegó el citatorio y es entonces cuando aparece el factor Ahumada, ese empresario de origen argentino que logró corromper a toda la izquierda de México, en ese tiempo agrupada en el PRD.

Este tema ha pasado un poco desapercibido por la mayoría de los analistas, pero tiene un papel fundamental en el tema. Y no porque esté ligado a la Estafa Maestra, sino por todo lo que sabe y no ha dicho.

Hace 15 años él hizo su propia estafa maestra y lo pagó caro, pero no lo acabaron y hoy está más vivo que nunca y con nuevos y peligrosos aliados.

¿A quién beneficia y a quién perjudica la reaparición de Ahumada en estos momentos?

En primero lugar a él mismo, pues con la caída de Rosario ve la posibilidad de presionar para recuperar algo de lo mucho que invirtió en el PRD -y en toda la izquierda- a principios del presente siglo, para hacer negocios sucios en nombre de la democracia.

En segundo término a la propia Robles, pues aunque no terminaron bien, mientras por ahí ande suelto un tirador loco como Ahumada, la ex funcionaria peñista no debe ser presionada en exceso, a fin de evitar la tentación de usar a su ex novio otra vez.

A quienes perjudica es a los perredistas, pues son los mismos que cuando Ahumada corrompió al partido ya estaban al frente y ahí siguen, aunque en realidad ya no tienen gran cosa que perder, pues están al borde de la extinción.

Pero los que en realidad empezaron a temblar fueron los de la Cuarta Transformación, ya que la mayoría de ellos -empezando por el mismísimo Andrés Manuel López Obrador- tuvieron una peligrosa cercanía con el empresario argentino.

Uno de los principalísimos amigos de Ahumada era ni más ni menos que el hoy secretario particular de López Obrador, Lázaro Cárdenas Batel, con quien hizo negocios hasta que se cansó.

Y es que cuando Lazarito fue gobernador de Michoacán, Ahumada tuvo que abrir incluso oficinas del Grupo Quart en esa entidad, debido a la gran cantidad de obra que recibió de su amigo, el hijo del ingeniero.

Los negocios de Ahumada alcanzaron en ese entonces a gente como Ricardo Salinas Pliego, con el que pactó la construcción del Centro Monarca para el Morelia, propiedad de TV Azteca, a cambio de tiempo aire en la televisora del Ajusco para promover a políticos.

Al final el tema quedó pendiente al estallar los video escándalos.

Hay que recordar que Salinas Pliego integra el equipo de empresarios que asesoran en esta materia al presidente.

O Ahumada tiene una puntería endemoniada para atinarle a quienes son secretarios particulares de El Peje, o el tabasqueño los escoge a propósito, porque cuando el argentino corrompió al PRD negoció con René Bejarano, en ese tiempo ¡secretario particular del jefe de Gobierno del DF!

Con Bejarano hizo negocios en abundancia, que incluyeron el financiamiento de candidaturas a diputados y a jefaturas delegacionales, a cambio de obras públicas en todas las delegaciones.

Por esos arreglos ambos estuvieron en la cárcel, aunque el profesor de las ligas salió a los nueves meses del Reclusorio Sur, y el argentino estuvo cinco años en el Reclusorio Norte.

Los negocios que Ahumada hizo en la capital embarraron también a personajes como Carlos Imaz, ex delegado en Tlalpan, quien era esposo de Claudia Sheinbaum, entonces titular del Medio Ambiente en la administración 2000-2006 del Distrito Federal.

El empresario argentino no sólo filmaba a sus socios como prueba de su corrupción, sino que también acostumbraba a guardar como ratón facturas de sus gastos, como los viajes a Las Vegas que pagaba al secretario de Finanzas de El Peje, Gustavo Ponce Meléndez.

Incluso Ponce Meléndez, el hombre de todas las confianzas de López Obrador para el manejo de los dineros de la ciudad, estuvo trece años preso por los negocios sucios que hizo desde esa posición de privilegio junto al hoy presidente.

Como Ahumada acumulaba documentos, en sus archivos aún está una copia de la factura del viaje que por 19 días pagó al matrimonio Imaz por Europa. Antes de ser apresado, el empresario puso a salvo documentos que prueban cómo financió al PRD y sus integrantes.

Un documento de este tipo causaría un efecto demoledor para la jefa de Gobierno, que por mucho que haya puesto tierra de por medio de Imaz, aprovechó ese viaje del cual hay pruebas, y como eso sería corrupción, si se publica al menos quedaría tiznada.

Así como ellos, varios pejistas de la actualidad estuvieron metidos en el ajo, pues los tentáculos de Ahumada alcanzaron a todos.

Los conectes del argentino eran tales que incluso alcanzaron a personajes tan poderosos como Elba Esther Gordillo, Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos; o sea, a la mafia del poder.

Incluso cuando cayó en la cárcel su abogado fue Juan Collado, coincidentemente hoy preso en el mismo reclusorio donde él estuvo, que es el Norte.

Así cómo está el asunto, lo más probable es que la reapertura del expediente sea más un mensaje al propio Ahumada para que no se le vaya a ocurrir abrir la boca, pues el argentino ya probó lo que es estar cinco años en el RENO, y dicen que no tiene muy buenos recuerdos.

De todos modos el revivir el expediente de Ahumada es un juego muy peligroso del gobierno de la 4-T, que aunque difícilmente alcanzaría a López Obrador directamente, sí tocaría a su equipo cercano, que quedaría quemado.

Hasta el momento queda claro que la intención de El Peje no es tocar a Rosario, sino hacer circo mediático para distraer a la gente, pero a quienes dio la orden de actuar se les puede pasar la mano y provocar una reacción de los implicados.

Por lo pronto la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda aseguró las cuentas de la propia Robles y de quien fuera su Oficial Mayor en Sedatu, Emilio Zebadúa, con el pretexto de recopilar elementos para integrarlos a la carpeta de investigación.

Y aquí hay que recordar que –también casualmente- Zebadúa fue quien acompañó a Robles en todas las andanzas financieras entre Ahumada y el PRD.

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1 Comment

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  1. Avatar

    Blanca Rodríguez

    18/08/2019 at 1:39 AM

    Pues claro que a Amlo no le alcanzaría las pruebas condenatorias de Ahumada, si existe alguien más porril y ladino es precisamente él, nadie le gana a mentir y traicionar, y salir bien librado.

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