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Investigación

Cuando la figura de AMLO no genera unanimidad

Este foco demuestra que, si bien el apoyo mediático hacia el presidente López Obrador sigue siendo importante, no es unánime.

Arturo Páramo

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Arturo Páramo

Los hechos violentos de las dos recientes marchas en la Ciudad de México demostraron que lo avanzado en años anteriores para evitar esos daños en propiedad privada, en monumentos y en edificios históricos, fue echado por la borda, sustituida por el llamado a “portarse bien” que resulta a todas luces ineficaz.

La manifestación del día 26 de septiembre para conmemorar los cinco años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa terminó con destrozos millonarios, toda vez que grupos autodenominados anarquistas arremetieron contra establecimientos sin que hubiera policía alguno que se los impidiera, mucho menos que los detuviera para consignarlos ante el ministerio público.

El tema se convirtió en un tópico obligado a lo largo de la semana en las ruedas de prensa matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador quien en una declaración desmanteló totalmente la lucha de los colectivos que se autodenominan anarquistas: “¡Que son anarquistas! No. El anarquismo es un movimiento muy profundo en ideales, productivo, propositivo, no es anarquismo lo de ayer. Ahora sí que lo que diga mi dedito. Esa es una variante del conservadurismo, de tantas variantes que tiene el conservadurismo. ¿Cómo van a ser anarquistas los que destruyen una librería?”.

Incluso pintaron la fachada y una de las puertas de la actual casa presidencial, el Palacio Nacional, y también destrozaron vidrios e intentaron saquear tiendas de conveniencia, bancos, oficinas públicas, restaurantes, medios de información, tiendas de ropa, y todo comercio que no fue protegido con vallas.

El sábado se presentó una nueva manifestación, en este caso de grupos que exigían la despenalización del aborto. En esa ocasión, además de los destrozos, intentaron incendiar la puerta de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México, quemaron cartones y trapos en la reja de Catedral y de nuevo pintaron la fachada de Palacio Nacional.

Todo esto toma un peso relevante toda vez que en la manifestación de 2 de Octubre, en recuerdo de los masacrados en Tlatelolco en 1968, es una de las más explosivas de cada año.

El presidente ya advirtió que las manifestaciones serán vigiladas para garantizar la seguridad de los ciudadanos: “vamos nosotros a cuidar a los ciudadanos, es nuestra responsabilidad, sin represión; y sí se puede, sí se puede hacerlo, esto requiere de mucha organización, también de parte de nosotros”.

Lo que dejó entrever en la rueda de prensa de este lunes es que a los manifestantes que causen destrozos se les vigilará de cerca: Van a llevar a cabo un plan con ese propósito: Pregunta: ¿No es mejor que los encapsulen los policías que son profesionales, a que sea la ciudadanía, a que sean los…? Respuesta de López Obrador: “Van a llevar a cabo un plan con ese propósito”.

Las reacciones de los grupos llamados a sí mismos anarquistas y de feministas es que el gobierno no los representa y están en contra de cualquier intento de controlarlos.

Este foco demuestra que, si bien el apoyo mediático hacia el presidente López Obrador sigue siendo importante, no es unánime.

Incluso dentro de su partido la voz de presidente parece no tener eco.

Recientemente el propio presidente propuso el método de las encuestas para definir al nuevo dirigente de Morena, propuesta que no resultó ser la más aceptaba, desatando una disputa intestina por el poder del partido en el poder.

Es un partido de tribus sin nombre, que son fieles a la costumbre aprendida desde los tiempos del PRD, se despedazan, se cobran facturas, se fracturan y hay venganzas.

Sólo la sombra del presidente los aglutina y cuando él está enfocado en su trabajo y advierte que la vida del partido corresponde sólo a sus integrantes y dirigentes de plano se destrozan entre ellos.

La figura de López Obrador sigue siendo fuerte y busca ahora tener impacto en el extranjero con el llamado del canciller Marcelo Ebrard de atajar los brotes supremacistas, de frenar en encono contra los migrantes.

El presidente ha dicho que no saldrá del país porque la mejor carta de presentación de su gobierno es mantener la estabilidad política, económica y social del país.

Las marchas donde participan grupos a los que no se puede contralar son un buen termómetro de si esa intención se sostiene. De lo contrario, estamos ante un futuro más incierto que el esbozado unánimemente por todos los organismos económicos nacionales e internacionales, que destacan una baja expectativa de crecimiento para este año.

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