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Investigación

ECONOMÍA PARA PRINCIPIANTES / En la 4T todos tenemos otros datos

Si se hiciese un análisis desde el exterior, y ese análisis se centrara solo en las cifras, seguramente nadie comprendería porque los mexicanos nos sentimos optimistas.

Pablo Trejo

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Pablo Trejo

Una de las características que más nos asombra del fenómeno López Obrador y la Cuarta Transformación, es la manera en que, mucho más allá de cifras y datos duros, la percepción de la ciudadanía refleja un optimismo sin precedentes, casi imposible de comprender. Si se hiciese un análisis desde el exterior, y ese análisis se centrara solo en las cifras, seguramente nadie comprendería porque los mexicanos nos sentimos optimistas.

En lo personal, considero que cuando el presidente dice “Yo tengo otros datos”, se refiere al tema de la percepción. Es decir, no es que las cifras que le entrega Hacienda o el INEGI sean diferentes a las que conocemos, si no que su percepción es contraria al pesimismo de los analistas y economistas que solamente analizan cifras.

El estilo de López Obrador pudiese hacerlo parecer como un presidente irresponsable, pero si echamos una Ojeada por las tendencias de vanguardia en materia de economía, podemos darnos cuenta de que cada vez se están tomando en cuenta factores más intangibles, como la conducta, la felicidad y las expectativas, por mencionar algunos. En la actualidad, la Economía Conductual afirma que la conducta y el estado de ánimo de las personas influye de manera significativa en el modelo económico global, e incluso, en algunos países, se ha comenzado a tomar como prioritario el medir la felicidad. ¿De que sirve acumular si eso no garantiza la felicidad? ¿De que sirve crecer si eso no se traduce en desarrollo?

Hace unos días, el Banco de México y el INEGI dieron a conocer el resultado de las encuestas que miden el Índice de Confianza del Consumidor, que no es otra cosa que la percepción ciudadana sobre el estado actual y futuro inmediata de la economía. Si los resultados son negativos, se pondría en evidencia la desconfianza o incertidumbre que sienten los ciudadanos sobre la situación del país, y en cambio, si son positivos, dejarían claro que la gente se siente cómoda con las cosas tal y como están, lo que terminar ́-a por reflejarse en sus estados de ánimo a la hora de consumir. Si hacemos un ejercicio individual, y tenemos confianza en que mantendremos el trabajo, por ejemplo, seguramente tendríamos la confianza suficiente para salir de compras y hacer compromisos a futuro mediante créditos. Por el contrario, si sintiéramos nuestros trabajos en duda, es altamente probable que nuestras compras se limitarían a lo indispensable.

Resulta que, en el mes de septiembre, el Indicador de Confianza del Consumidor se situó en 44.7 puntos, nivel que significó de nueva cuenta un alza respecto al mes anterior, lo que resulta paradójico, ya que esa confianza no se está reflejando en los patrones de consumo, lo que en los hechos querría decir algo así como “si tengo confianza en gastar, pero no quiero gastar” o simplemente “confío, pero no tengo con que”.

Esas contradicciones aparentes, se encuentran muy arraigadas en la manera que tenemos los mexicanos de ver la vida, como cuando resulta que a pesar de que contamos con todos los elementos para ser desdichados, resulta que somos un pueblo muy feliz, o simplemente, en el fondo, parecería que “todos tenemos otros datos”.

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