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Investigación

El paquete económico de la 4T

Nos encontramos en las vísperas de la aprobación del paquete económico para 2020, el que podemos considerar como el primer presupuesto integral de la cuarta transformación.

Pablo Trejo

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Pablo Trejo

Nos encontramos en las vísperas de la aprobación del paquete económico para 2020, el que podemos considerar como el primer presupuesto integral de la cuarta transformación. Si bien es cierto que, desde el año anterior, los artífices hacendarios del presidente se involucraron con el equipo saliente, también lo es, que no pudieron plasmarse en su totalidad los deseos de López Obrador.

Una de las grandes ventajas con las que cuenta el presidente, es que ya cuenta con una evaluación de los resultados de todos sus programas y acciones sociales, ya sabe perfectamente cuales contribuyeron a la causa con las que fueron creados, y cuales terminaron por generar incentivos perversos que terminaron por desvirtuar los beneficios esperados.

Otro factor no menos importante, es que el presidente cuenta también ya con un análisis y una ponderación de la forma en que se han desempeñado las instituciones de su gobierno, lo que le permitirá redirigir sus baterías a temas esenciales, y evitar que se generen duplicidades, lo cual no es fácil en un gobierno que basa gran parte de su estrategia en el abatimiento de las desigualdades sociales.

Teóricamente, el paquete económico para 2020, sentará las bases para el crecimiento futuro del país, ya que resulta evidente que al final del 2019, las cifras serán poco alentadoras, por lo que se requiere de impulsar al país mediante la focalización del presupuesto y su destino a temas como la inversión en infraestructura.

Cada vez con más frecuencia hemos escuchado opiniones en el sentido de que deben reformularse los criterios para la distribución del presupuesto hacia los estados y municipios y que en esa asignación de recursos, sería muy importante considerar la responsabilidad con que los estados ejercen los recursos, su compromiso con la transparencia y con el combate a la corrupción, ya que no es entendible que estados muy responsables sean medidos con la misma vara que se mide a estados en donde es de sobra sabido su irresponsable manejo de las finanzas públicas.

Un tercer elemento de la mayor importancia, será el poder empezar a gozar de los frutos del combate a la corrupción y el dispendio. Desde su campaña a la presidencia, López Obrador hizo referencia al altísimo costo de la corrupción, por lo que la ciudadanía está en espera de que eso se vea reflejado de una manera más tangible. Lo mismo sucede con la austeridad. La ecuación sería muy simple, y, sin embargo, los resultados no lo están siendo. La propuesta del Decreto de Egresos entregada por la Secretaría de Hacienda al Congreso, no contiene un anexo que nos indique el impacto real de esos dos fenómenos en la economía nacional, lo que puede ocasionar una especie de desilusión colectiva.

Dice una frase mexicana que “hechos son amores”, y la confección del presupuesto es una excelente oportunidad para que ese amor del presidente hacia determinadas causas, se refleje en la asignación presupuestal a las mismas, sin que se haga a un lado una obligación fundamental: generar condiciones para el crecimiento económico.

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