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Investigación

La 4T, “Nada que festejar”

Es un partido que sólo se mantiene unido por la cohesión que representa el presidente de la República.

Arturo Páramo

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Arturo Páramo

Las asambleas de Morena de este fin de semana confirmaron que es un partido que sólo se mantiene unido por la cohesión que representa el presidente de la República.

Sin ese elemento, sería un partido sin ley, gobernado por las disputas entre sus tribus sin nombre, erosionado por lo impresentable de sus dirigentes, y sin más rumbo que la ambición de sus líderes.

Las asambleas de Morena en Jalisco, donde se registraron agresiones con arma de fuego, fueron el iceberg del cúmulo de robo de urnas, de padrones sin fiabilidad y de la falta de rigor en las mesas receptoras de votos.

Por la cantidad y gravedad de las irregularidades podrían incluso provocar que las asambleas sean declaradas como no válidas por el Instituto Nacional Electoral (INE).

Las consultas sin rigor son parte de la nueva cultura política en el país y la más aberrante ha sido la desarrollada este domingo en Baja California para cuestionar a la población si el gobernador electo Jaime Bonilla puede alargar el periodo para el que fue electo, de dos años, a cinco.

El ejercicio fue convocado por partidos políticos que impulsan a Bonilla, amigo del presidente de la República, se desarrolló sin metodología, sin mecanismos para impedir el voto por más de una ocasión, no se reveló la ruta que recorrerían las urnas receptoras tras concluir el ejercicio ni se dio certeza en el conteo de votos.

El INE declaró el ejercicio como no válido. El Tribunal Electoral del Poder Judicial declaró válida la elección en la entidad, que en su convocatoria señalaba que el periodo del gobernador electo sería de dos años, no por cinco.

La decisión de alargar el periodo del gobierno que iniciará el 1 de noviembre, fue el congreso estatal en una de sus últimas decisiones antes de que los diputados dejaran el cargo.

Pese a este escenario que viola abiertamente la certeza jurídica, el titular del Ejecutivo ha señalado que es el Tribunal Electoral quien tiene la última palabra sobre el periodo que deberá cubrir Bonilla.

En política no hay casualidades dice la cultura popular y por ello la suspicacia de que el presidente haya pasado el sábado con actividad en Baja California y el domingo tuviera el día sin actividades públicas en esa entidad.

Lo cierto es que en las entidades la llamada Cuarta Transformación del país se vive en un tono aún más agresivo que el dictado desde Palacio Nacional. El caso de Baja California es paradigmático, pero no el único. Lo desafortunadas de las expresiones del gobernador poblano, Miguel Barbosa sobre que los fallecidos Erika Alonso y su esposo Rafael Moreno Valle recibieron el castigo de Dios por haberle robado la elección de 2018.

Lejos de moderar su lenguaje, el gobernador afirmó que su expresión era de dominio popular y que quienes se ofendieron eran de derecha y conservadores. No se puede ser más chocante. El presidente ha evitado referirse a este episodio.

En Morelos, la justificación de Cuauhtémoc Blanco para sostener que no violenta la ley al tener a su cuñada y tíos en su gobierno son, al menos, torpes. López Obrador ha insistido en que no basta cumplir con la ley sino ser moralmente impecables.

Por eso resulta poco afortunada también su expresión “Ríndanse corruptos, los tenemos rodeados”, banalizando uno de los aspectos de su gobierno que puede ser manejado con mayor cuidado.

A través de la Unidad de Información Financiera, a cargo de Santiago Nieto, se ha iniciado la cacería de aquellos que, con cuentas de banco en mano, se presume que hayan cometido actos de corrupción.

Si esa estrategia fuera consistente sería un punto a favor del gobierno, se aplaudirían episodios como la renuncia del ministro Medina Mora, o la remoción del magistrado Arturo Camero, sin embargo, la omisión en el caso Manuel Bartlett es, por lo menos, sospechosa.

No hay gobierno perfecto y sin mancha pese a las buenas intenciones que se puedan tener, ya sea por omisión o por incapacidad.

Ambos elementos se conjugaron el lunes en la rueda de prensa matutina, donde el secretario de seguridad ciudadana, Alfonso Durazo, reconoció que la impunidad en la comisión de delitos en el país se mantiene en 98.5 por ciento, que la reducción de delitos de alto impacto o de la delincuencia común es marginal, y que a casi un año de inicio el actual gobierno “No hay nada que presumir” y “no hay nada que festejar”. La matanza de 14 policías en Aguililla, Michoacán esa misma mañana ratificó su dicho y confirmó que hasta ahora hay poco que celebrar.

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