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Economía para Principiantes

El Buen Fin al rescate de la 4T

Pablo Trejo

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Pablo Trejo

El fin de semana pasado la gente se volcó a las tiendas departamentales para hacer valer su derecho a consumir, aunque ello haya sido producto de un compulsivo e irracional. En lo personal, observé la desbordada pasión que generan las pantallas de televisión que prometen las mejores definiciones y la más avanzada tecnología. En especial, llamó a mi atención la demanda de las pantallas que proyectan imágenes en calidad “8 k”, porque para que ello suceda, se necesita que el origen de las imágenes, también sea de calidad “8k”, lo que es imposible en las condiciones actuales.

Mas allá de esa apreciación testimonial, lo que quiero destacar es el impacto económico que genera un acontecimiento de esta magnitud, porque no solo se trata de lo que se compra y vende en los negocios tradicionales, si no que en todas partes y a toda escala, la economía adquiere un dinamismo especial durante el fin de semana que dura el evento, lo que sirve como bálsamo ante la cruda realidad de las expectativas económicas a futuro.

El consumo privado es un factor fundamental en la integración de lo que conocemos como Producto Interno Bruto, y que además refleja de manera fiel, la confianza de los consumidores. Si la crisis pega en los bolsillos de las familias, seguramente las prioridades de las mismas serán consumir artículos de primera necesidad, renunciando a otros menos importantes, y sin en cambio, existe una sensación de estabilidad y de la economía fluye, es muy probable que el consumo suntuario se incremente.

Por tratarse de una suma directa de sus factores, si alguno de ellos crece, lo hará el Producto Interno Bruto, y ante la inmovilidad del resto de las variables, la frontera de posibilidades de incremento en el consumo que provoca el buen fin, es algo que nuestras autoridades en el ejecutivo agradecen.

Teóricamente, cuando el consumo se incrementa, la economía se expande, generando un circulo virtuoso que ocasiona que la producción se incremente, y ello generará a su vez, un incremento en los niveles de empleo. Desafortunadamente, no todo resulta tan positivo, toda vez que la irracionalidad en el consumo puede ocasionar desajustes en la economía personal. Las promociones a meses infinitos sin intereses, generan un espejismo y un relajamiento en la disciplina financiera, lo que puede ocasionar que en el futuro inmediato crezca la cartera vencida de los bancos, y eso termine por afectar las posibilidades de consumo en el corto plazo, lo que a su vez ocasionará un exceso en los inventarios de las tiendas, una disminución en la producción, y el adelgazamiento de nuestra planta productiva, con sus respectivos despidos laborales.

Ojalá que la sensatez haya sido la constante, y que el impulso que se generará en nuestra economía, sea los suficientemente grande como para que mejoren nuestras expectativas de crecimiento hacia el cierre del año, lo que ayudaría mucho en los ánimos de nuestro presidente de la República y de la Cuarta Transformación.

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