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¿Y tú, cómo ves las cosas?

En pocos fines de año se ha manifestado, como en éste, un nivel similar de incertidumbre acerca de nuestro futuro en el corto y en el largo plazo

Óscar Espinosa

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Óscar Espinosa Villarreal

Creo que en pocos fines de año se ha manifestado, como en éste, un nivel similar de incertidumbre acerca de nuestro futuro en el corto y en el largo plazo. No hay reunión en la que falte la pregunta acerca del pronóstico que se tiene de lo que habrá de pasar con México. Por lo menos en mi caso, seguramente debido a mis antecedentes en el sector público o político, en cada reunión a la que asisto surge la pregunta ¿Y tú, cómo ves las cosas?

No resulta sencillo dar respuesta a un cuestionamiento de esa naturaleza. Por lo menos no es fácil si actúa uno con responsabilidad y sin dejarse llevar por preferencias políticas o por coyunturas. La misma circunstancia actual exige objetividad, serenidad y, fundamentalmente, sensatez. Y esto, a mi manera de ver, implica disponer de información suficiente, veraz, objetiva y con un sólido sustento.

En este orden de ideas, cotidianamente despliego las antenas para captar puntos de vista, análisis, debates y presentaciones que me aporten algo que me permita documentar de mejor manera las opiniones que comparto con mis lectores. Así fue como, en el extraordinario seminario que año con año realiza Softec, presidido por el gran Gene Towle, pude presenciar la intervención de Ernesto Cervera, un extraordinario economista por quien siento respeto y admiración, en la que presentó diferentes perspectivas y prospectivas que no tienen desperdicio en esa tarea de adivinar lo que nos espera.

Me temo que no son las mejores noticias, pero nos dan una buena cantidad de datos interesantes. En su presentación, titulada “Situación y perspectivas económicas”, Ernesto Cervera Gómez nos presenta un panorama de bajo crecimiento para México en 2020, con un debilitamiento de los factores internos que impulsan este crecimiento. Ante un entorno global inestable, particularmente de Estados Unidos, México posee pocos asideros para mejorar sus perspectivas económicas en el siguiente año.

En el entorno mundial, la tasa de crecimiento global se reducirá de 3.8% en 2017 a un pronóstico de 3.6% en 2020. El motivo de este bajo crecimiento proviene, entre otras razones, de la decisión política de los EUA y China de mantener una encarnizada guerra comercial. Ambos países han venido aumentando la intensidad de sus respectivas sanciones al comercio durante 2019, llegando a tasas arancelarias mutuas superiores al 24%.

A nivel regional, esto significará un crecimiento más lento para China (de 6.8% en 2017 a 6.1% en 2020) y Estados Unidos (de 2.2% en 2017 a 1.9% en 2020). La Unión Europea también enfrentará una caída en el crecimiento por los conflictos comerciales, pasando de 2.7% en 2017 a 1.7% en 2020. La situación para México es similar: de tasas superiores al 2.0% antes de 2018, el año 2019 estará marcado por una tasa de 0.4% y un pronóstico optimista de crecimiento de 1.3% para 2020.

Junto con la guerra comercial, otros factores de riesgo permanecerán durante 2020: el conflicto en Medio Oriente, la fijación de las tasas de interés en la Reserva Federal, una curva de rendimiento invertida y el brexit.

Aunque Ernesto veía en ese momento el riesgo de que no se firmara el T-MEC, parece que esa variable se despeja. Lo que no parece modificarse es el riesgo que representa para la relación entre ambos países el problema de la inseguridad y la violencia en México, que ya llegó a niveles de preocupación en aquel país, a raíz de hechos como el que afectó recientemente a la familia LeBarón, de nacionalidad norteamericana (y mexicana).

Estos factores pueden llevar a México a un espiral de implosión económica durante el siguiente año en el que un desincentivo a la inversión produce un debilitamiento de la productividad y el empleo y, consecuentemente, una desaceleración en el consumo. Actualmente, los motores del crecimiento mexicano crecen a un ritmo lento: las exportaciones (que representan 38% del crecimiento) crecen a una tasa de 3.2%, y el consumo privado (el factor más importante que representa 67% del crecimiento) al 0.6%. Pero la inversión se está reduciendo, la inversión privada cayó en -4.0% y la inversión pública en -11.5%.

El crecimiento nacional en el tercer trimestre de 2019 tuvo una caída de -0.2% respecto al mismo periodo de 2018. A pesar de ser negativo, la caída no llegó a los niveles de la crisis de 2009. La caída puede explicarse por un crecimiento negativo en las manufacturas, las cuales cayeron -2.9% en este trimestre y tuvieron números negativos durante todo 2019. De igual forma, la minería y la construcción tuvieron números negativos, cayendo -7.4% y -9.1% respectivamente. Los servicios también enfrentan una caída de -0.4%; por ejemplo, el sector turismo cayó -0.3% respecto a 2018. Las caídas en el crecimiento afectan de manera desigual a las regiones del país; el sureste enfrenta crecimientos negativos de hasta -10% en Tabasco respecto a 2018 según el INEGI.

Desde junio de 2018, la inversión fija bruta cayó, mientras que la Inversión Extranjera Directa se redujo -3.9%. De igual forma, la confianza para invertir se mantuvo en niveles más bajos que en el pasado. Retomando la idea de la espiral de caída, se generaron -27.5% nuevos empleos menos que el año pasado y hubo un aumento de casi 5% en el sector informal.

El gran optimismo del consumidor a principios de 2019 se está deteriorando: en ese momento 4% de los ciudadanos esperaba que la economía empeorara, pero ahora esta cifra es de 17%. La aprobación presidencial sigue por encima del 50%, pero la confianza en los partidos, incluyendo Morena, ha caído; este partido perdió aprobación, pasando de 39% a inicios de 2019 a 15% en el cuarto trimestre de 2019.

Un motivo de alerta ante estos indicadores es que las herramientas del gobierno para enfrentar el crecimiento débil están basadas en supuestos demasiado optimistas. En el Presupuesto de Egresos 2020 existe una sobreestimación de los ingresos petroleros por producción de 66.2 miles de millones de pesos, así como una sobreestimación de los ingresos tributarios por 134.2 miles de millones de pesos.

Estas medidas podrían aumentar el déficit público en hasta 3% del PIB. Esto puede suponer un problema ante la expansión del gasto social aprobada en el PEF 2020.

Algunos de los puntos positivos son que este déficit se encuentra bajo control; el PEF conservó la disciplina fiscal y la inflación se mantuvo estable entre 3% y 3.8%. Ernesto Cervera señala que el país se encuentra en un momento de estabilidad frágil. El crecimiento débil de México lo hace vulnerable a una posible recesión o caída en la actividad económica estadunidense. Incluso para 2021 se esperan crecimientos apenas superiores al 1%.

¿Qué cómo veo entonces las cosas? Pues, no obstante estos escenarios, sigo pensando que el presidente López Obrador tiene en sus manos la posibilidad de lograr el cambio de un círculo vicioso a uno virtuoso. Creo que todo es cuestión de expectativas y que éstas podrían modificarse sensiblemente si se mandan algunas señales estratégicamente pensadas, relacionadas con la confianza de los inversionistas, como lo es, sin duda, la firma del protocolo relacionado con el T-MEC el día de ayer. No abundaré en las demás, son por todos conocidas y se han mencionado hasta el cansancio, pero hasta hoy pareciera que no ha pasado nada que obligue al gobierno a reconsiderar…todavía. Veremos.

 

 

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