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Economía para Principiantes

Los Chilangos nos estamos haciendo viejos

Cualquier política pública que se diseñe en la actualidad, debe tener en mente que nuestra población está envejeciendo

Pablo Trejo

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Pablo Trejo

Cuando analizamos la economía mundial, siempre se presenta un argumento en el que todos parecemos estar de acuerdo: las grandes potencias mundiales están comenzando a sufrir los efectos del envejecimiento de su población, es decir, de un cambio demográfico en donde cada vez hay mayos cantidad de adultos mayores y cada vez se presentan menos nacimientos, con las implicaciones que eso acarrea. Al final de la segunda guerra mundial, se gestó un cambio demográfico sin precedentes. El estado de ánimo generalizado en la época, resintió la perdida de millones de vidas humanas en edad plenamente productiva, y eso genero un sentimiento de desesperanza, que se revirtió con lo que conocemos como el Baby Boomer, un periodo entre los años 1946 y 1964. Tan solo en los Estados Unidos de Norteamérica, ese fenómeno derivó en 76 millones de nacimientos.

Si trasladamos ese fenómeno a la actualidad, significa que todas esas personas, se encuentran en los rangos de los 55 a los 73 años de edad, es decir, ya en el ocaso de la edad productiva. Después de ese fenómeno demográfico inusual, el número de nacimientos ha ido a la baja considerablemente, y la familia promedio, ha disminuido su número de integrantes.

La inversión de la pirámide demográfica, genera retos mayores para cualquier economía, ya que cada vez menos personas, se tienen que hacer cargo de más, y aquellos que tienen una edad mayor, representan cada vez mayores gastos en materia de salud pública, pensiones, etc.

Para la Secretaría de Gobernación “México, como parte de los países en plena transición demográfica, experimenta un intenso y acelerado proceso de envejecimiento poblacional, sin embargo, éste será desigual en las entidades federativas en cuanto a su magnitud y ritmo, debido a los cambios en la fecundidad y mortalidad y al efecto de la migración”.

Analicemos algunos datos oficiales: en la actualidad, la Ciudad de México, agrupa al mayor porcentaje de población en edad avanzada, con un 13.6 por ciento del total. Debajo de ésta, pero con un porcentaje mayor al 10 por ciento, encontramos a Veracruz, Oaxaca, Morelos, Yucatán, Michoacán, Sinaloa, Zacatecas, San Luis Potosí, Nayarit, Hidalgo, Guerrero, Jalisco y Durango. Para el año 2030, esa composición, se modificará al alza, y el 20.1 por ciento de la población de la capital, serán personas en edad no productiva.

A diferencia de lo que sucede en la provincia, la relación de los habitantes de la Ciudad de México con los adultos mayores, es por costumbre, diferente. La dinámica con la que se vive en la metrópoli, limita el contacto cercano y permanente entre la familia, lo que coloca a las personas de mayor edad, en una situación de mayor vulnerabilidad, y si a eso agregamos el factor de que la expectativa de vida de las mujeres es aún mayor, su exposición es doblemente vulnerable.

Cualquier política pública que se diseñe en la actualidad, debe tener en mente que nuestra población está envejeciendo, lo que generará demandas coherentes con esa condición y no solo ofrecer soluciones a corto plazo.

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