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¿Y en qué va a acabar la rifa del avión?

Los empresarios siempre han sido la tabla de salvación del poder y de los gobernantes

Martín de J. Takagui

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Martín de J. Takagui

Una cena a todo lujo con tamales de chipilín, chocolate bien espeso y el “pase de la charola”, para que los empresarios mexicanos financien una rifa millonaria con el pretexto del avión presidencial que nadie ganará, fue el motivo de la cena a la que convocó el presidente Andrés López Obrador, quien, en calidad de anfitrión de Palacio Nacional se olvidó de sus criticas de antaño.

Literalmente, el presidente López Obrador pasó la charola al empresariado mexicano, pero no la de los tamales, sino la de la coperacha, para que, con los recursos, producto de su trabajo y de sus inversiones, sean una vez más quienes salven a los gobiernos en turno, a los gobernantes y al partido mayoritario, como ha ocurrido en toda la época postrevolucionaria, o sea desde hace más de un siglo.

En febrero de 1993, el ex secretario de Hacienda, uno de los hombres más honorables del sistema de entonces, fue el encargado de seguir las indicaciones del presidente Carlos Salinas de Gortari, en el sentido de convocar a los empresarios más encumbrados y más enriquecidos durante esa administración, para que regresaran un poco de la gran copa que el gobierno les sirvió en materia de negocios.

Ortiz Mena, fue el encargado de “pasar la charola” a los empresarios y el objetivo era financiar la campaña presidencial, del entonces precandidato, Luis Donaldo Colosio, pero que acabó siendo para el triunfo de Ernesto Zedillo, quien ocupara el lugar del sonorense.

Esas aportaciones fueron debidamente documentadas y registradas como aportaciones personales y privadas de los empresarios para financiar a su partido, que se encontraba en malas condiciones, pero cuando ellos ya habían sido beneficiados por el partido de la Revolución y su gobierno.

Hoy el presidente en turno, el líder moral del Movimiento de Regeneración Nacional es el convocante, ahora el problema es que su casa es el mismísimo Palacio Nacional, en donde lejos de servirse una cena a todo lujo, se sirvió el tamal de chipilín y un chocolate bien espeso.

La diferencia es que, en este caso, los empresarios tienen que invertir por adelantado, con la esperanza de que haya forma de hacer negocios, nada seguro y nada de compromisos, simplemente confiando en la buena voluntad de las autoridades.

A los empresarios se les hizo manita de puerco para que voluntariamente se comprometan a hacer una inversión de, hasta 20 millones de pesos, comprando boletos que ellos mismos tendrán que distribuir y, en su caso, podrían recuperar algo de su inversión, convirtiéndolos en vendedores de billetes de la Lotería y en caso extremo, tendrán que tratar de comercializarlos en los cruceros de sus respectivas ciudades, en bares, en restaurantes o en cantinas.

El sorteo y su boleto, confirmado para el 15 de septiembre se ha ido reformando, primero se dijo que el avión sería el premio, después que se habrían de otorgar cien premios de 20 millones de pesos, lo que se obtenga de ganancias, se habrá de usar para la compra de equipos de hospitales y para el mantenimiento de la propia aeronave.

Cada boleto tiene un costo de 500 pesos y se espera que sean tres millones de billetes de la Lotería Nacional, institución que deberá encargarse de consolidar la patraña presidencial de la supuesta rifa del avión.

Al final de cuentas se trata de la rifa del avión presidencial en donde no se entregará el avión, la mayor parte de los boletos no se venderán por interés propio de quienes buscan ganar alguno de los cien premios de 20 millones, el avión permanecerá en manos del gobierno y el dinero sabrá dios a dónde vaya a parar.

De los 30 millones de votos que obtuvo Andrés López Obrador en los comicios de 2018, ni el 10 por ciento de quienes lo respaldaron habrá de aportar sus 500 pesos, como siempre, los empresarios mexicanos, seguirán siendo los que acaben por financiar la ocurrencia y la patraña más grande vista, hasta ahora por un gobierno mexicano.

Sin duda, se trata de las mismas prácticas priistas que siempre criticó López Obrador desde que fue opositor al tricolor, pero ahora sin entregar nada a cambio. Los empresarios mexicanos, como ningún hombre de negocios es tan inocente, pero acceden a las peticiones del jefe del Ejecutivo Federal con la esperanza de poder hacer negocios a lo largo del sexenio, cuyo primer año ya transcurrió.

Para cuando ocurra el sorteo, el 15 de septiembre próximo, ya solamente quedarán cuatro años de la actual administración, pero los empresarios tendrán que ir buscando la forma de realizar los negocios que les permitan recuperar sus recursos, el costo político de la rifa del avión que no se entregará podría ser un costo que pagará Morena y sus aliados en los comicios federales y estatales del próximo año.

 

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