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¿Culpas del Covid-19?

En la mente de López Obrador la ciudadanía no juega un papel central.

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Hugo Morales Galván

En apenas 15 días –y de un día para otro—México cambió. Del desparpajo y el menosprecio a la crisis que se veía venir por el Covid-19, a una etapa crítica donde el propio gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha advertido que estamos en la última oportunidad para contener la fatídica pandemia, e incluso el propio presidente ha convocado a la gente a permanecer en sus casas.

En su cartera han quedado las estampitas protectoras. Parece que el Covid-19 no se arredra ante la creencia del cristiano presidente mexicano (católico no es). Socarrón todavía la semana pasada su equipo subió un video en su cuenta de Facebook burlándose de las medidas sanitarias anunciadas por su gobierno y su estrellita, el “técnico” Hugo López-Gatell. Mientras en sus conferencias matutinas, el subsecretario de Salud se desgañitaba explicando los efectos de la pandemia, su Presidente menospreciaba sus dichos.

Yo el supremo patriarca, decía López Obrador, les diré en qué momento pueden dejar de salir, y convocaba a la gente a ir a los espacios públicos y a fondas y restaurantes porque nuestro “pasado cultural”, impediría la propagación del virus. No tardó ni una semana en asemejarse a la chimoltrufia, como dice una cosa, dice otra. En un improvisado y tétrico video de 14 minutos grabado en Tijuana convocó a la gente a no salir, a resguardarse para evitar la reproducción del Covid-19. Una semana antes su funcionaria predilecta y cuasi regente, Claudia Sheinbaum se le adelantó. Decidió aplicar diversas medidas en la CDMX.

Hubo quien habló de molestia presidencial porque la acción de la Jefa de Gobierno. Para ahuyentar los rumores, López Obrador la convocó y sin sana distancia, se dejó fotografiar con ella desde el balcón central de Palacio Nacional.

En la mente de López Obrador la ciudadanía no juega un papel central. Sólo es parte del espectáculo en el que todo gira en torno suyo, en su llamada 4ta Transformación. En su rancio razonamiento, cree estar llamado a figurar en la historia como el Segundo Apostol de la Patria o el Segundo mejor presidente mexicano sólo después de Benito Juárez.

Esa visión se refleja en cómo conduce su gobierno. López Obrador se ha servido de las necesidades de las personas. Les regala dinero y les da asistencia, que genera dependencia, pero no les ofrece un futuro laboral o profesional. Sólo paliar el momento. Su gobierno y quienes se sumaron a Morena supieron hacer uso de la oportunidad para treparse en el proyecto que les daría sobrevivencia política y económica, sin importar que fuera contrario a lo que tanto rechazaron. La sombra del caudillo los ha protegido, pero también los ha sometido. Nadie osa discrepar de él. No importa que los exhiba y humille en público. El poder patriarcal lo ejerce en pleno. Para mujeres y hombres de su gobierno y de su partido.

El mundo se convulsionó con el Covid-19, los gobiernos extranjeros se prepararon con meses de anticipación, adquiriendo insumos, proyectando programas económicos de emergencia y montando infraestructura sanitaria. En México, López Obrador creyó que con su conferencia matutina sería más que suficiente. Y para convencer al respetable convocó todos los días a medio gabinete, desvelados y casi adormilados a escucharlo desde las seis de la mañana y hasta pasadas las nueve horas.

El presidente mexicano muestra limitaciones intelectuales y un envejecimiento mental acelerado. No entiende de globalidad mundial, ni de la inexistencia de fronteras ante las pandemias.

Por eso fue patética su participación en la conferencia en video del G-20. Su imagen corporal decía mucho. Encorvado, mal sentado, mostró a un personaje cansado, achicado, que contrastaba con los demás mandatarios, varios de los cuales se levantaron de sus lugares, otros conversaban con sus equipos, y unos más, absortos, veían por primera vez a un Jefe de Estado que en casi año y medio en funciones se ha negado a viajar a reunirse con ellos en alguna cumbre mundial.

López Obrador quiso reclamar supuesto acaparamiento de insumos sanitarios. La respuesta es que mientras esos gobiernos se prepararon, el presidente mexicano siguió en sus batallas imaginarias, mientras la nube tóxica de la pandemia comenzaba a oscurecer territorio mexicano y también a exhibir las incapacidades y las carencias de la supuesta 4ta Transformación.

Sigue en su papel de activista político (y anticuado por cierto). No ha ejercido hasta ahora su papel de Jefe de Estado.

 

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