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Economía para Principiantes

Nunca imaginamos las consecuencias

Lo que no imaginamos, sería la rapidez y la magnitud con que el virus se desplazaría por el mundo y la magnitud en que la economía global se vería afectada en un plazo tan corto

Pablo Trejo

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Pablo Trejo

Hace unas semanas, cuando el Covid-19 comenzó su periplo en la provincia China de Wuhan, comentamos en este mismo espacio sobre el impacto negativo que sufriría la economía local y la forma en que se trastocaría la vida cotidiana. Restaurantes cerrados; hoteles desocupados, factorías sin funcionar; taxis estacionados y la gente recluida en sus casas durante varias semanas, se convertirían en parte de la normalidad en la época del virus.

Lo que no imaginamos, sería la rapidez y la magnitud con que el virus se desplazaría por el mundo y la magnitud en que la economía global se vería afectada en un plazo tan corto. El virus pasó de China a Europa y se ha esparcido en países en los que supondríamos que existirían mejores herramientas para controlarlos. Queda claro que muchas de las decisiones de salud pública se supeditaron a factores de índole económico, lo que trajo consecuencias funestas, especialmente en Italia, que representa todo lo que no debió hacerse.

La semana pasada, el Covid-19 alcanzó el grado de Pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud, y ello desencadenó la caída de todas las bolsas de valores del mundo; el control del virus, obligará a tomar medidas extraordinarias de control, tales como al cierre de fábricas en todo el mundo, restricciones a la movilidad de mercancías y personas, cancelación de espectáculos públicos, suspensión de eventos deportivos, y sellado de fronteras, entre otras.

Recientemente, el presidente de los Estados Unidos, anunció la cancelación de todos los vuelos desde y hacia Europa, y de las fronteras marítimas con todo el oriente, principalmente China. El impacto económico sobre la industria aeronáutica será devastadora, y las secuelas son impredecibles al momento.

Pensemos en la cancelación de las ligas deportivas y el dinero que dejará de percibirse por concepto de entradas, venta de souvenirs, alimentos, bebidas y derechos de televisión. Los afectados directos serán los equipos profesionales de todos esos deportes, pero también, toda la gente que vive de ellos; taquilleros, vendedores, acomodadores; la gente de limpieza; de seguridad y de transporte, los camarógrafos, los encargados de los estacionamientos y los cronistas deportivos. Lo mismo sucede en los aeropuertos y en todas las personas que hacen que la industria de los viajes en avión funcione; debemos reconocer que estamos ante un escenario realmente catastrófico.

Al momento de escribir estas líneas, en nuestro país se han registrado menos de veinte casos, y seguimos estando en la Fase 1 de la enfermedad, lo que significa que no se han registrado contagios internos y que todos los casos han sido importados. Aún en este escenario de aparente calma, la gente está comenzando a hacer compras de pánico a la espera de que pronto todos estemos en cuarentena recluidos en nuestros hogares.

Independientemente de lo que venga, lo que queda en evidencia es la fragilidad de los países ante una crisis global de salud, y lo interconectada que está la economía mundial. La naturaleza está brindándonos la oportunidad de replantear nuestra existencia como parte de la economía global.

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