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Pluma Invitada

¿Es el fin de la libertad?

¿Vale la pena estar 2, 3 o más años encerrados por mantener un nivel falso de seguridad y confort?

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Gianfranco Vidal

El mundo ha cambiado, hace apenas unos meses el mundo entero se paralizó, aquellas ciudades chinas, características por sus industrias, altos niveles de contaminación y multitudes de gentes en las calles se esfumaron de la noche a la mañana. Milán y Venecia amanecieron sin el bullicio de miles de turistas, los canales vacíos, la Semana Santa del Vaticano sin gente, en una escena impactante y sin precedentes. Un día los aeropuertos amanecieron sin personas, los restaurantes cerraron y las escuelas pararon. Un día no volvimos a ver a aquellas personas que amamos, no pudimos volver a abrazarnos.

Ha pasado relativamente poco tiempo desde el inicio de esta pandemia global, sin embargo, en este poco tiempo hemos podido apreciar y valorar cosas que tal vez descuidamos por mucho tiempo. Nos volvimos a acercar a nuestros seres queridos, a nuestra familia que a pesar de vivir en la misma casa tal vez no éramos tan cercanos; aprendimos que ir de shopping o tener el celular ultimo modelo no vale nada si no podemos tener contacto y cercanía con las personas; aprendimos a valorarnos a nosotros mismos, a apreciar la soledad ya disfrutar de nuestra propia compañía, en fin, son muchas cosas lo que hemos aprendido en este tiempo.

Sin lugar a duda el mundo no será el mismo cuando volvamos a la nueva normalidad, esto me lleva a reflexionar sobre el mundo que viene. Los estados nacionales han iniciado ya el proceso de reapertura, de el regreso a las actividades económicas, académicas, culturales y sociales. Tras varios meses de cuarentena forzada, nos vemos en la necesidad de regresar a la vida, al mundo real. El sistema económico no puede soportar ya la inacción, se han perdido millones de empleos alrededor del mundo, miles de familias han perdido sus sueños y esperanzas. El ser humano por naturaleza es un ser social, no estamos hechos para el aislamiento, estamos hechos para relacionarnos con los demás, nosotros como mexicanos valoramos de manera especial el contacto con nuestros seres queridos, somos cálidos y afectuosos. Estructuralmente las sociedades del mundo entero no pueden soportar el cierre indefinido de las actividades, es insostenible una cuarentena más larga.

Los investigadores y científicos del mundo entero han planteado el peligro de reabrir las naciones sin una vacuna o tratamiento eficaz contra el COVID, una segunda ola de contagios es una realidad innegable, por mas esfuerzos que se realicen. Tendremos que adaptarnos a vivir con un virus que probablemente nunca se irá, al igual que las demás enfermedades a las que estamos acostumbrados. ¿Existe un riesgo?, por supuesto, de ahora en adelante la vida será mucho más riesgosa, pero, así ha sido a lo largo de toda la historia humana. Desde una visión antropológica y ontológica el ser humano se define, entre otros rasgos, por su libertad; la libertad es característica esencial de la vida misma, si no tenemos la libertad poco sentido tiene la vida; la crisis económica causada por la pandemia destruirá muchas más vidas que el virus mismo, seamos pragmáticos, 300,000 muertes son pocas en relación con las muertes causadas por todo el universo de enfermedades existentes o por causas sociales como pobreza, inseguridad y violencia. No me malentiendan, toda vida humana es única, valiosa e irremplazable, pero, no podemos permitir que un virus destruya desde sus cimientos a la civilización humana.

¿Vale la pena estar 2, 3 o más años encerrados por mantener un nivel falso de seguridad y confort? Personalmente, creo que debemos ser mucho más consientes y responsables a la hora de salir de nuevo al mundo, ser mucho más higiénicos y solidarios con los demás; de igual manera, no estoy dispuesto a perder años de vida, que nunca regresarán, no estoy dispuesto a no poder volver a convivir con las personas que quiero, no estoy dispuesto a no poder ver el mundo y sus maravillas, no estoy dispuesto a dejar de vivir. La responsabilidad también implica darle trabajo a ese chofer de Uber, también implica dejar propina a los meseros, implica ir a bolearnos los zapatos, implica ir a consumir los productos o servicios de la gente local, implica reactivar las zonas turísticas. Si no hacemos esto, si nos confinamos en casa por una falsa seguridad, estaremos cayendo en un acto de egoísmo; no se debe regresar a la normalidad como antes, se debe regresar a una nueva normalidad, a una normalidad más consiente y responsable, más solidaria e incluyente.

Seamos realistas, el mundo que viene nos necesitará más que nunca, necesitará de hombres y mujeres que se arriesguen todos los días, se necesitarán nuevos médicos, nuevos ingenieros, nuevos maestros, nuevos economistas, nuevos filósofos, nuevos artistas. Se necesitarán nuevas personas, mejores personas, agentes de cambio. Seamos libres, realmente libres, ejerzamos la libertad con responsabilidad, ética y compromiso.

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