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Pluma Invitada

¡Neta, son unos pinches genios!

Óscar Espinosa

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Imposible dejar de asomarse de cuando en cuando a la ventana que mira al futuro, para tratar de averiguar lo que nos espera después de estas pandemias. Así, en plural, pues se ha tratado de una epidemia sanitaria, una económica y ahora, una que se ha dado en llamar “infodemia” caracterizada por la proliferación de información falsa, tendenciosa y malintencionada, acerca de los males que nos aquejan. Sirviendo a intereses desconocidos y poco claros (en general) estas notas proliferan en las redes sociales, en medio de un caldo de cultivo ideal, enriquecido por la desinformación y confusiones generadas desde el gobierno.

“Memes” a los que nadie escapa, por más selectivo que se quiera ser. Por más confiable que sea el remitente, la profusión de mensajes es tal que resulta imposible verificarlos todos. Y así, aplicar el clásico reenviar, se vuelve algo casi automático. Así recibí el que contiene la frase con la que he titulado esta columna y que es digno de “enmarcarse” (si se pudiera) como uno de los mayores exponentes del embrutecimiento colectivo y la perversidad que parecen distinguir a esta sociedad en estos tiempos. En él, una “niña fresa” invita a una fiesta a la que asistirán personas contagiadas de COVID 19, con lo que los asistentes podrán de una vez contagiarse. Con ello, nos dice, se generará lo que “la OMS llama inmunidad del rebaño” como en Suecia y se resolverá el problema de una vez. No tiene desperdicio que lo escuches, querido lector. Y que constates, como lo he hecho yo, una de las consecuencias sociales de lo que hemos vivido (https://bit.ly/2Tkii1o).

Al mismo tiempo que las famosas redes me trajeron esa “joyita”, el teléfono me trajo otra, no menos preocupante. Resulta que me ha llamado un buen amigo, vecino de una comunidad rural en el Estado de México, para pedir mi opinión sobre un rumor que se esparció desde hace unos días, afirmando que el gobierno se dedica a contaminar con COVID-19 los mantos acuíferos. Dado el rumor, las comunidades se han organizado ya para hacer guardias y rondines en manantiales, ojos de agua y depósitos para evitar la perversa acción que, según se dice (entre otras razones que se manejan), busca que cada municipio “alcance una cierta cuota de enfermos” que le ha sido determinada.

Muy convenientemente para los malosos, se ha provocado que las comunidades rechacen la presencia de las autoridades de seguridad, so pretexto de que escoltan a los vehículos que transportan los bidones llenos de líquidos contaminados con COVID 19, que en muchos casos no son otra cosa que el cloro con el que la autoridad cada año hace la cloración del agua, ante la llegada de la época de lluvias. Fue así como ya se llegó a dar la agresión a policías y la destrucción de vehículos policíacos.

Estas noticias falsas influyen en las decisiones de los individuos sobre salud y obstaculizan las medidas de prevención. En PISA 2018, la OCDE había detectado que más de 90% de los alumnos de todos los países donde se aplicó la prueba tenían problemas en discernir entre una fuente confiable y una opinión o una información sin fundamento. Las plataformas digitales como Twitter están incorporando un algoritmo para detectar las noticias falsas en esta emergencia.

Un par de ejemplos de conductas sociales más allá de las consecuencias económicas de la pandemia que ya alteran las formas de relacionarnos con las personas. Consecuencias que, mucho más allá de lo anecdótico, expandirán desigualdad y deteriorarán la confianza en las instituciones. No cabe duda de que la pandemia acelerará procesos que ya habían comenzado en la innovación y el mercado laboral y creará un estado de fragilidad sobre el papel de las elecciones, la integración global y los sistemas políticos.

Conviene analizar el tema relacionado con la forma de trabajar. México es uno de los países cuyos trabajadores pasan más horas en la oficina. Un 28.7% de los trabajadores permanecen en oficina más de 50 horas a la semana; sin que esto se vea reflejado en una mayor productividad. Los modelos de home office parecen una alternativa para esta situación, independientemente de la crisis. Esta pandemia parece estar detonando un debate sobre los trabajos y la vivienda, el papel del transporte público y de las habilidades digitales. Según la OCDE, son las habilidades, más que el tiempo en oficina, las que limitan la productividad. En su estudio Skills and Work, México se encuentra por debajo del promedio de la Organización en habilidades matemáticas y digitales de sus trabajadores.

En este mismo orden de ideas, esta crisis parece acelerar algunos de los procesos de robotización del trabajo. Singularity University traza las iniciativas en la impresión 3D de materiales para hospitales, respiradores y material para emergencias. Las innovaciones en mensajería por drones no sólo reducen el contacto de los mensajeros con las personas, sino que contribuyen a la distribución de equipo médico y sanitario. Por otra parte, los robots, de manera emergente, están atendiendo con medicamento y comida a los enfermos aislados.

Diversas empresas globales ven el regreso a la normalidad como algo lejano y en el corto plazo incurren en costos sanitarios privados. Goldman Sachs busca integrar sensores infrarrojos de temperatura corporal a algunas oficinas y kits de prueba del virus. IBM busca generar estándares para regresar a la oficina como escalonar los horarios de llegada, eliminar los comedores y las herramientas compartidas. Intel, cuya cadena de valor se encuentra dispersa por el mundo, plantea distribuir máscaras, realizar diagnósticos, cerrar áreas comunes, cubiertas de plástico desechables para teclados y una limpieza varias veces al día.

Por otra parte, IDEA International publica una reflexión sobre las elecciones y esta pandemia ante los procesos que se llevarán a cabo en Corea del Sur y Estados Unidos. Los países deberán establecer medidas alternativas de campaña para los partidos políticos e incluso introducir la votación remota. Las elecciones primarias en Wisconsin el 7 de abril evidenciaron estos retos, mientras que el 28 de abril Ohio modificó la elección para realizarla por servicio postal. Esta pandemia significará una baja participación, la pérdida del espacio para el debate político, así como una menor interacción de los candidatos con los electores.

Foreign Policy invitó a 12 pensadores de las relaciones internacionales a elaborar predicciones sobre el orden global después de la pandemia. Stephen M. Walt, Robin Niblett y Kishore Mahbubani señalan que la pandemia fortalecerá al estado y reforzará el nacionalismo. Los ciudadanos demandarán más participación de los gobiernos nacionales y mayor proteccionismo frente a la globalización. Esto creará un mundo menos abierto, menos próspero y menos libre. John Ikenberry argumenta que esta situación puede compararse con los retos de Franklin Delano Roosevelt en la reconstrucción de la posguerra.

Estados Unidos no puede permanecer en sus fronteras, sino que debe iniciar la construcción de la infraestructura de cooperación multilateral. Shannon K. O’Neil describe cómo las empresas deberán repensar y reducir las cadenas de valor. Estas ya estaban en un estado vulnerable, debido al aumento de los costos laborales en China, la guerra comercial y los avances en robótica y automatización.

Ahí están algunas de las cosas que me he encontrado al mirar por la ventana al futuro a pesar de la mucha bruma existente, las cuales nos advierten sobre el advenimiento de un nuevo mundo y quizás, como lo ha anticipado el Foro Económico Mundial, de un nuevo contrato social. En ese caso, quizás quepa decir lo que aquel popular dicho: No hay mal que por bien no venga.

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