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¡PERDIMOS A GATELL!

Desde ese momento, López Gatell dejó de ser el científico designado por López Obrador para ser el vocero oficial sobre la pandemia, perdimos al doctor y conocimos al candidato, al grillo.

Ernesto Osorio

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Ernesto Osorio

Pide el Presidente, y lo hace con razón, que en momentos como los que vivimos no debemos anteponer mezquindades ni egoísmos. Pero no es sólo eso. Debería saber que como profesionales de la comunicación, nuestra principal obligación es la de informar a la gente de manera veraz y con argumentos sólidos, verificables. Pero este negocio de la comunicación es como el tango, en el que para poder bailar se necesitan dos.

Hemos dicho en reiteradas ocasiones y en este mismo espacio, que la incertidumbre y la sospecha son una sombra que se cierne sobre nuestro entorno y que la credibilidad de las noticias acerca de la pandemia que nos aqueja ha carecido de veracidad plena.

La semana pasada nos referimos a la infodemia, y a lo que el director del Sistema Público de Radiodifusión del Estado mexicano, Jenaro Villamil, calificó como el término asignado por la Organización Mundial de la Salud a ese fenómeno que corre de manera paralela a la dispersión del coronavirus. Explicamos que con tal definición el funcionario mintió sin recato alguno, pues lo que hizo ver como un término oficial, era una simple metáfora que empleó el director de la OMS, Tedros Adhanom, en un artículo para referirse a la información falsa que se difunde sobre la pandemia.

Con esto solo quiero dejar establecido que en esta danza de la información que fluye hacia la gente, no solo hemos fallado los medios de comunicación. La falsedad ha surgido también de quienes ostentan la única información que la gente necesita en estos momentos y que no es otra que la verdad sobre el impacto de la enfermedad, y la forma en que se está atacando.

Hace casi tres meses, celebramos que el Presidente hubiese declarado una tregua a sus adversarios y haya decidido dejar en manos de los expertos la difusión de los informes sobre la pandemia para evitar la politiquería y no lucrar con lo que hemos visto es una tragedia mundial.

Pero no pasaron ni 24 horas de ese llamado a la tregua, cuando el mandatario desenvainó su espada para cuestionar al periódico Reforma por supuestamente exagerar en sus titulares y que el hecho de difundir las fotografías de uno de sus mítines en Oaxaca durante la reapertura de un hospital era sólo para golpearlo y alarmar a la población.

“Vamos a abrazarnos, no hagamos caso a eso que dicen”, dijo el 15 de marzo en su conferencia matutina, molesto por la publicación de una fotografía en la que ignorando las alertas sobre la llegada del virus a México, besaba la mejilla de una pequeñita en medio de una multitud. La contradicción es clara.

Pero no solo a nivel federal nos hemos enfrentado a estos mensajes encontrados, que contradicen y confunden, dejando al ciudadano con más dudas que certezas. En la Ciudad de México, y por esos mismos días, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, incurrió en la misma actitud de ir en sentido contrario a sus adversarios, cuando resolvió que el Festival Vive Latino se realizaría tal y como se tenía planeado pues, en su opinión, no se corrían riesgo de contagios.

“Todo a su tiempo. El anticiparnos a medidas drásticas (de control sanitario o cancelarlo) también tiene un impacto en la economía familiar de millones de capitalinos”, dijo la doctora en un video difundido por sus redes sociales, justificando el hecho de no implementar las medidas de sana distancia el 13 y 14 de marzo. Un mes después, la muerte de un policía que estuvo en el evento, despertó la sospecha sobre si en realidad, había o no un riesgo.

Y desde entonces la información en general sobre el impacto de la pandemia ha sido un estado de ánimo. A partir de abril, los mensajes de la autoridad de Salud se vieron en medio de la metralla de posiciones optimistas como la del  “no pasa nada”, y las más negativas divulgadas por diversos medios, cuyo pesimismo describían con hospitales desbordados y fotografías de gente cayendo muerta en las calles.

El Presidente tomó entonces una salomónica decisión, incluso antes de decretar la cuarentena: designó a un vocero oficial de la Secretaría de Salud que sería la única voz autorizada para informar sobre el tema cuya opinión y decisiones serían acatadas sin chistar, incluso por él mismo.

La conferencia vespertina con el informe técnico del doctor Hugo López-Gatell se convirtió entonces en el espacio donde aparentemente encontraríamos el crisol de la objetividad, y comenzamos a escucharle, pues era el doctor, un científico designado por el Secretario Jorge Alcocer para dar la información correcta, alejada del escenario político, implantado por el mismo Presidente y del cual ni él mismo podía huir.

Pero el 8 de mayo la confrontación y los mensajes cruzados entre el gobierno y sus adversarios en los medios, hicieron crisis, pues el debate alcanzó tintes internacionales. The Washington Post junto con The New York Times, además del diario español El País, publicaron sendas entrevistas con distintos expertos en matemáticas y epidemiología en las que coincidieron en señalar errores graves en el sistema de cálculo empleado por la Secretaría de Salud para determinar el número de contagios y muertos por el coronavirus en la Ciudad de México.

Cuestionada sobre estas cifras, la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum prefirió no responder y dejó que fuera su superior a cargo, el Presidente de la República, quien atajara a los críticos, a quienes acusó de mentirosos y neoliberales. Refirió una crisis en los medios de comunicación a nivel global y entonces sentenció que el New York Times, será famoso, pero también faccioso.

Pero esa tempestad de medias verdades necesitaba un relámpago de contundencia que no dejara lugar a dudas de que los periódicos mentían, y entonces ¡perdimos a Gatell!

En un video producido a pocas horas de su conferencia vespertina, el doctor más famoso de México salió ese viernes a decir que “llamaba la atención que el mismo día marcado por la autoridad como el más crítico de la pandemia, aparecieran de manera casi sincrónica cuatro notas seguidas de una amplia difusión por varios protagonistas de las redes sociales; personalidades ligadas a administraciones anteriores, a negocios de la industria farmacéutica y a unos cuantos con aspiraciones políticas”.

Desde ese momento, López Gatell dejó de ser el científico designado por López Obrador para ser el vocero oficial sobre la pandemia, perdimos al doctor y conocimos al candidato, al grillo.

La comunicación del Presidente y de quien gobierna esta ciudad (que no es otro más que él), es confusa, se pierde en el intercambio mediático, en una arena de box donde el cinturón de la veracidad está en disputa entre el poder político y los medios, pues aquí no se trata de saber quién dice la verdad, sino quién golpea más fuerte.

Por eso hago eco de la convocatoria lanzada por el Presidente desde Palacio Nacional el pasado viernes en donde pidió a quienes nos dedicamos a informar, a ser respetuosos, a no incurrir en ataques sin sustento que sólo confunden a los mexicanos.

Estamos en un momento en que el único objetivo de la comunicación con la gente, es proporcionarle información verídica que le ayude a preservar la vida, y en eso, debemos asumir que todos hemos fallado. Pero ante todo, y por encima de todo, ha fallado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que, a nivel federal y aquí en la Ciudad de México, se ha perdido en una gran cantidad de mensajes cruzados que nos hacen sentir solos, sin rumbo fijo, sin dirección.

El llamado y el primer paso, debe darlo usted señor presidente. Dejemos la politiquería, la vida de todos depende de ello.

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