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Racismo a la mexicana

El racismo a la mexicana es único en su tipo, está arraigado en nuestro ideario y en nuestro lenguaje, todos hemos participado de él en mayor o menor medida

Gianfranco Vidal

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Han pasado pocas semanas desde el asesinato del ciudadano afroamericano, George Floyd, a manos de la brutalidad policiaca en Estados Unidos, no es la primera vez que un suceso así ocurre y de esto se derivan las protestas y manifestaciones que exigen justicia. “I can´t breath”, fueron las últimas palabras del hombre que murió por asfixia, esto despertó multitudes de manifestantes molestos e indignados por el racismo heredado que se vive día a día en los Estados Unidos, las últimas palabras de este hombre son el sentir generalizado de un segmento importante del pueblo norteamericano, palabras que reflejan el oprobio, la desigualdad y la injusticia que se vive en carne propia.

Mucho se ha comentado y debatido a lo largo del planeta, el racismo no es algo reciente, es algo heredado desde tiempos antiquísimos. México no es la excepción, las redes sociales y los medios de comunicación han traído consigo un acceso a la información sin precedentes, la democratización de la opinión es una realidad innegable, nos indignamos por aquellas historias o sucesos externos que nos muestran sensibles o responsables ante la expectativa social, tratamos de escenificar el ponernos en los zapatos de los demás. Sin embargo, somos silenciosos, aceptadores y promovedores del racismo que se vive al interior de nuestras fronteras y que en mi opinión es peor que el racismo norteamericano.

El racismo a la mexicana tiene raíces profundas, tan profundas como el mito del águila devorando a la serpiente en el nopal. México, antes de ser México, era una sociedad estamentaria perfectamente definida e inamovible, la realeza y los grupos privilegiados de las culturas indígenas dominaban sobre todo el espectro social y étnico de aquellos tiempos, había gente de primera, de segunda y de tercera. Posteriormente, con la consolidación del virreinato de la Nueva España también se consolidó una organización social definida, el peninsular estaba en la cima del escalafón, posteriormente los criollos, le seguían los mestizos y después todo el universo de mezclas raciales, al final siempre quedaban los indígenas, y no hablamos de los negros. En retrospectiva, la sociedad fundacional de lo que hoy conocemos como México fue brutalmente opresora y segregacionista, no son pocas las historias y registros del abuso hacia las comunidades originarias.

México es la mezcla de dos mundos, somos de sangre mestiza, ni somos indígenas ni somos españoles, somos la mezcla heterogénea de dos culturas con virtudes y defectos, de ahí nace nuestra patria y nuestra identidad nacional. Sin embargo, con la consolidación del México nación se fue creando una identidad cobijada en tradiciones centenarias y en idiosincrasias autóctonas, siempre hemos estado orgullosos del legado histórico y cultural de los pueblos originarios, pero renegamos la piel morena por inferioridad y estigma, nos apegamos a la vida en sociedad europea, donde rige el protocolo, la estirpe y la blancura de la piel. Posterior a la consumación de la independencia no se adoptaron nuevas formas de organización social que garantizaran una mayor igualdad entre indígenas y criollos, por el contrario, se continuó y perpetuó el régimen segregacionista, clasista y racista de la época; estaban los mexicanos de primera, aquellos pertenecientes a las familias prominentes, aquellos con capacidad para dirigir y moldear al país, aquellos ilustrados que debían iluminar a las masas ignorantes; por el otro lado, también estaban los mexicanos de a pie, aquellos mestizos herederos del pasado traumático y glorioso a la vez, los oprimidos, los echados de lado, los que nunca tuvieron voz.

El racismo a la mexicana es único en su tipo, está arraigado en nuestro ideario y en nuestro lenguaje, todos hemos participado de él en mayor o menor medida, incluso de manera inconsciente. Ideas como el “mejorar la raza”, es prueba fehaciente de ello, se prefiere adoptar un modelo basado en estereotipos fenotípicos europeos, piel blanca, ojos claros, etc.; también denotamos la palabra “indio” como despectiva e insultante, asumimos que el indígena es ignorante y pobre, y por tanto hay que evitarlo, “raza” o “prole” indican lo mismo; en nuestro país el tono de piel sí determina gran parte de la vida de una persona, diversos estudios reflejan que una persona de tez morena tiene menos probabilidad de superar la pobreza que una persona de tez blanca, tendrá menor acceso a la educación y a las oportunidades laborales, tendrá menor probabilidad de escalar en la pirámide social.

En México el racismo no solo discrimina y limita oportunidades y accesos, también mata, un indígena o un pobre jamás podrá acceder a una justica plena y restaurativa, las instituciones trabajan en favor de los más privilegiados, son grilletes de un pueblo oprimido, necesitado y que pide a gritos una sociedad más consiente y comprometida con el cambio de los tiempos, un cambio que signifique el abandono y exterminio de las ideologías, idiosincrasias y tradiciones racistas y segregacionistas, es hora de construir un país unido en torno a valores comunes y con una profunda convicción de que es nuestra pluralidad la que nos enriquece y fortalece.

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