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Pluma Invitada

Estados Paralelos Mexicanos

El mayor problema que enfrentamos como país es la inseguridad, esa es la percepción tanto interna como externa

Gianfranco Vidal

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El pasado 26 de junio de 2020 la Ciudad de México vivió un momento sin precedentes, integrantes del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) cometieron un atentado contra el Secretario de Seguridad Ciudadana de la capital, Omar García Harfuch, sin embargo, el simbolismo de este ataque tiene una connotación fuerte y poderosa, el ataque se dio en pleno corazón de la capital de la República, en una de las zonas más exclusivas del país, las Lomas de Chapultepec, lugar de residencia de prominentes empresarios, sedes diplomáticas y corporativos internacionales; se dio a menos de 10 kilómetros de Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo Federal, en el corazón de la Federación. La idea obsoleta pero arraigada en el ideario mexicano de que el narcotráfico y esos conflictos armados se daban en los estados únicamente ha quedado desacreditada, la ciudad capital ya no es el “oasis” de seguridad en medio de un país en llamas.

La llamada guerra contra el narcotráfico se inició hace relativamente poco tiempo, desde finales del sexenio del presidente Vicente Fox y se acrecentó enormemente con la denominada guerra de Calderón. El presidente Felipe Calderón tomó la decisión de hacerle frente a los grupos criminales con todo el rigor y poderío del estado bajo la necesidad de obtener legitimidad tras el supuesto fraude del 2006, sin embargo, nadie se hubiera imaginado que esa acción incendiaría al país entero en un espiral de violencia y muerte. Las organizaciones criminales, el narcotráfico en sus inicios, empezaron a tener presencia en México desde los años 70’s cuando Estados Unidos abrió su economía al neoliberalismo y por ende acrecentó su demanda de estupefacientes, pero, en esos entonces se pensaba como un problema minúsculo e imperceptible, incluso como una válvula de escape a las carencias de la gente más necesitada, entonces ese pequeño asunto fue creciendo poco a poco bajo el amparo del poder público y con la colusión de autoridades de todo nivel, era un negocio redituable que no llamaba la atención de los medios.

Con el paso de los años el crimen organizado fue carcomiendo los cimientos del estado desde abajo, de manera imperceptible, cuando alguien se dio cuenta de esto ya era demasiado tarde, los cimientos estaban podridos y aquel problema minúsculo y aislado se convirtió en un gran problema estructural. Lo cierto es que por muchos años el estado mexicano nunca atendió a los más necesitados, nunca se evocó por construir o regenerar el tejido social tan fragmentado y roto. El narcotráfico, al igual que el comercio informal, es una salida a la insuficiencia de un estado ausente o inexistente, ante la necesidad de las personas en México y Latinoamérica y la demanda de estupefacientes en el mundo desarrollado, el negocio de las drogas se convirtió en una salida muy rentable y tentadora. Hoy por hoy cientos de miles de personas el país están relacionadas directa o indirectamente a este negocio ilícito, es algo culturalmente impregnado en cientos de comunidades, es su realidad y modus vivendi, es una realidad incómoda pero tangible, no es algo que podamos desaparecer de la noche a la mañana con decretos u operativos militares.

Constitucionalmente el estado es el único legitimado al uso de la violencia, debe ser depositario de dicho monopolio, nuestras autoridades son representantes de todos los mexicanos, ese el fundamento primordial de todo estado-nación moderno. La existencia de grupos criminales tan poderosos, con capacidad logística, distributiva y armamentista como el CJNG, los templarios o el Cartel de Sinaloa, son un riesgo elevado a la existencia del estado mismo, ellos representan un estado paralelo fuera de la ley y del orden social impuesto por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el gobierno mexicano no debe doblar la vara ni un centímetro, nada ni nadie puede ni debe estar por encima de la ley o fuera de esta, el monopolio de la violencia debe ser aplicado con rigurosidad, las fuerzas armadas deben de combatir al crimen con todo su poderío mientras que se reestructuran las policías estatales y se les dota de mejor capacitación, mejor equipo, mejor armamento y mejor capacidad operativa. Debe haber una depuración total y tajante de todas las corporaciones policiacas del país, solo de esta manera lograremos pacificar al país sin militarizarlo.

El mayor problema que enfrentamos como país es la inseguridad, esa es la percepción tanto interna como externa, pero solo se logrará pacificar al país si se atienden las bases y se fortalece el aparato punitivo del estado, se deben garantizar oportunidades para todos los mexicanos, se debe garantizar un desarrollo inclusivo, entre personas y entre estados, solo con educación y empleo lograremos sacar a México de este espiral de violencia.

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