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Pluma Invitada

La verdad incómoda de los signos vitales

Signos Vitales narra cómo el debilitamiento institucional previo a la pandemia creó un sistema de salud menos preparado para una emergencia.

Óscar Espinosa

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¡Que falta le hacía a México una institución como Signos Vitales! Una organización de la sociedad civil, apartidista y sin fines de lucro, impulsada y dirigida por un grupo de ciudadanos, con un alto nivel profesional y ético, reconocidos por su trayectoria a nivel nacional e internacional. Ciudadanos de la talla de María Amparo Casar, Federico Reyes Heroles, Julio Frenk, María Elena Morera, Jaime Zabludovski o Jorge Suárez Vélez, entre otros, dedicada, principalmente, a recolectar y difundir información fidedigna e independiente, relacionada con variables clave de nuestra vida económica, política y sociocultural, que permitan conocer el estado en que se encuentra nuestro país.

El 7 de julio presentó su informe “La Pandemia en México” que evalúa las acciones gubernamentales para enfrentar las dos crisis, la de salud y económica, frente a la evolución del Covid-19. Destaca de inicio que el país emprendió una falsa disyuntiva entre salud y economía que retrasó la respuesta ante la contingencia. Nos informa también que el número de pruebas se encuentra entre los más bajos en el mundo, siendo México hoy el quinto país con más fallecimientos, más de 35 mil. Por lo que hace a la crisis económica que se ha iniciado, nos muestra como la respuesta ha sido débil, destinando tan solo el 1% del PIB a atenuar sus efectos, mientras que otros países han emprendido planes mucho más ambiciosos.

A mí, como a muchos, nos resultaba fundamental contar con un ejercicio serio y permanente dedicado a estudiar y analizar a detalle los verdaderos datos (frente a los “otros datos”), que resulta muy complicado para el ciudadano común y corriente, conocer y ponderar, dado que en ocasiones no existe acceso sencillo a la documentación que los respalda. De esta forma, todos podemos contar con información para evaluar mejor las políticas públicas y su desempeño, evitando vacíos de información que son propios de entornos institucionales débiles.

Según el reporte, con datos al 16 de junio, México aplicó menos de 5 mil pruebas por millón de habitantes, ubicándose en el lugar 150 de 215 países. No parece algo razonable para un país que ha aportado el 24% de las muertes en todo el mundo. Al analizar las cifras de defunciones, la organización argumenta que los datos se encuentran sub reportados. Las causas de las defunciones no siempre se reportan como Covid-19, sino como resultado de neumonía o diabetes, entre otros padecimientos. Asimismo, México utiliza un método de muestreo para estimar los casos en lugar de contabilizar el número completo de contagios, lo que ha impedido establecer bases confiables para las proyecciones. Esto crea una situación en la que las defunciones podrían ser 3 o 5 veces más altas que la cifra oficial.

Signos Vitales narra cómo el debilitamiento institucional previo a la pandemia creó un sistema de salud menos preparado para una emergencia. A principios de 2020, México inició una profunda reforma para desaparecer el Seguro Popular y crear el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) centralizando varios procesos. Para financiar el nuevo INSABI fue necesario el uso para gasto corriente y de inversión del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos del Seguro Popular. Esto provocó un retraso en la reacción institucional ante la pandemia.

Asimismo, uno de los puntos débiles de la respuesta pública fue la poca protección del personal de Salud. Ya era evidente que otros países experimentaban contagios entre el personal que atendía los casos, pero aquí no se tomaron medidas considerando la experiencia internacional. Signos Vitales reporta que “Al 16 de junio, la Secretaría de Salud (SS) informó que 32,388 de los 154,863 contagios eran de personal médico y sanitario (21%). Las defunciones de médicos y personal sanitario es 2.6% del total de muertes en México, más del doble que Brasil, el triple que Perú y cinco veces más que en China o el Reino Unido.”

La lenta respuesta económica es también una de las causas del crecimiento en los contagios. Sin incentivos para compensar la pérdida económica, muchos negocios continuaron operando durante el confinamiento. El plan del gobierno para paliar la crisis económica sólo ha representado 1% del PIB, mientras que otros países otorgaron apoyos equivalentes al 5% y hasta 30% del PIB.

El confinamiento ha agravado una tendencia que inició desde la segunda mitad de 2018. Desde el tercer trimestre de 2018, México había tenido crecimientos menores al 2%. En 2019 estos crecimientos se volvieron negativos, pero fortalecidos por las exportaciones y el consumo privado, el cual sufrió una caída de -9% durante los meses de la pandemia. Hoy el crecimiento débil plantea un panorama débil para la recuperación, frente a las perspectivas del FMI que pronostica una caída del 10.5% del PIB para México.

De manera paralela, el empleo tenía crecimientos inferiores al 2% desde septiembre de 2019. Signos Vitales, utilizando los datos de empleo formal del IMSS señala que del total de los empleos perdidos entre los meses de marzo y abril (685,840) se concentran en cinco entidades: Ciudad de México (17.1%), Quintana Roo (13.5%), Nuevo León (8.4%), Jalisco (6.4%) y Estado de México (5.3%). Quintana Roo, es el segundo lugar en esta pérdida de empleos por su concentración en de los trabajos en el sector turístico. En mayo, 12 millones de personas dejaron de tener ingresos, retirándose de la población económicamente activa.

Esta situación provocará que 12.2 millones de miembros de la clase media caigan en pobreza, por lo que, para fines de 2020 habrá cerca de 95 millones de personas en pobreza, sobre todo en el componente de carencia alimentaria. Utilizando datos de la Encovid-19 de la Universidad Iberoamericana, se observa que uno de cada tres hogares redujo en 50% o más en su ingreso entre febrero y marzo de 2020, situación que se repitió en mayo.

Los signos vitales de este complejo organismo, llamado México, nos revelan un estado crítico de la salud de este paciente. Un estado crítico que podría agravarse considerablemente si se materializan acciones y decisiones relacionadas con las alertas que el informe nos entrega en su segunda parte. 10 alertas a las que habrá que estar muy atentos, pues ponen en un riesgo mayor a nuestro ya de por sí, atribulado México.

Repasémoslas para entender lo que significan: La primera es el uso discrecional del presupuesto federal por parte del Ejecutivo. En segundo lugar, la tensión entre el presidente y un grupo de gobernadores por el Pacto Fiscal. En tercer sitio, la estrategia de seguridad pública, con pocos resultados tangibles y un aumento preocupante de los homicidios. La cuarta alerta es el aumento en agresiones a periodistas. Como la quinta, aparece la extinción discrecional de fideicomisos públicos, sin intervención del Congreso. Le sigue, el sesgo electoral del “Censo de Bienestar”, para seleccionar a los beneficiarios de los programas sociales. El séptimo se refiere a la planeación y recursos para la Inclusión Digital en educación, con graves deficiencias. Las tres últimas tienen que ver con el continuo flujo migratorio proveniente de Centroamérica con graves implicaciones en derechos humanos, la cancelación de recursos y reglas para energías limpias en la generación eléctrica y el perfil vulnerable de quienes perderán empleos: miembros del sector informal, asalariados de ingresos bajos, estados dependientes de turismo y Pymes. Un panorama nada alentador, pero que podemos ahora conocer, gracias a Signos Vitales, que tanta falta hacía a México.

 

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