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Economía para Principiantes

Ahorros y recortes que parecen, pero no lo son

En términos estrictamente económicos, los ahorros no son ahorros, y los recortes no son recortes.

Pablo Trejo

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Una de las mayores consecuencias negativas de la pandemia se refleja en la salud de nuestra economía. La Secretaría de Hacienda de Arturo Herrera, nos ha dado cuenta de los recortes presupuestales y de las medidas de austeridad en la administración pública, con el fin de generar ahorros que tanta falta nos hacen.

Pero en términos estrictamente económicos, los ahorros no son ahorros, y los recortes no son recortes, o, mejor dicho, si lo son para quienes los sufren, pero no para quienes los reciben, ya que técnicamente se trata de reasignaciones.

Técnicamente se puede hablar de ahorro, cuando conseguimos nuestras metas haciendo uso de menos recursos de los programados. En el argot de la Administración Pública, se les conoce como “economías” y a diferencia de los subejercicios, se trata de acciones y metas cumplidas, o sea una administración exitosa.

Con datos de la Secretaría de Hacienda, durante el primer semestre de 2020, el gasto público se registró en 161,179 millones de pesos, contrastando con los 168,966 millones aprobados en el Presupuesto de Egresos de la Federación.     La reducción se explica por la falta de ingresos ocasionados por la Pandemia.

Si consideramos las prioridades de nuestro gobierno, esa reducción en el gasto ha complicado la operación de los Programas Sociales, los créditos a la palabra anunciados en el marco de la Pandemia y los tres proyectos estrella en materia de inversión pública: El Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Nuevo Aeropuerto en Santa Lucía.

Sostener esas prioridades a toda costa ha requerido de medidas de austeridad, como la reducción del 75 por ciento al gasto corriente publicado en el Diario Oficial de la Federación.

La reducción en las previsiones salariales y la reducción del 27.1 en la compra de materiales y suministros se redujo en un 27.1 por ciento, generándose una bolsa cercana a los 20,000 millones de pesos. Tan solo la Secretaría de Energía ha aumentado su presupuesto en 8,656 millones de pesos durante año.

A la bolsa anterior, deben agregarse los 55 mil millones de pesos obtenidos de la extinción de ocho fideicomisos, recursos que a su vez han sido reasignados a las tres obras estrellas del sexenio mencionadas. A su vez, la Secretaría de Salud, ha recibido 6,112 millones de pesos adicionales para enfrentar la contingencia de salud y la Secretaría de Economía, ha recibido 27,528 millones de pesos para los créditos a la palabra.

Este pequeño análisis, demuestra que no se han generado ahorros, ya que se han dejado de cumplir algunos objetivos y metas, y demuestra también que los recortes, han sido en realidad reasignaciones a las prioridades de gobierno.

Lo único en lo que si coincidimos es en que se han llevado a cabo medidas de austeridad, a veces tan extremas que han puesto en riesgo la operación de algunas áreas específicas de gobierno, tan es así que en algunos casos hemos escuchado el concepto de “austericidio”, el cual ojalá no llegue a concretarse.

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