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¡Bajémosle dos rayitas! señor Presidente

“El pez por su boca muere” y la violencia verbal empleada por el Presidente no tardará en que se la revierta.

Ernesto Osorio

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Alguien en Palacio Nacional montó en cólera y el pasado viernes finalmente explotó. Los insultos proferidos por el primer mandatario en contra del periódico Reforma al llamarlo “pasquín inmundo” solo demostraron la intolerancia de López Obrador a la crítica. Más allá de saber si la información difundida por el rotativo el viernes pasado era verídica o no, una vez más sus colaboradores en materia de comunicación social fallaron al no advertirle que ante los embates de sus críticos se debe ser ante todo muy inteligente para no caer en la provocación y mostrar la mesura que corresponde a un Jefe de Estado.

“El pez por su boca muere” y la violencia verbal empleada por el Presidente no tardará en que se la revierta, atizando así el entorno de enojo y frustración por el que actualmente atravesamos. En ese contexto es el que quizá podamos entender el exabrupto presidencial. 

Los efectos que nos dejó la pandemia y el confinamiento durante meses son ya evidentes y todos debemos estar conscientes de ello pues nuestras emociones se han visto afectadas y no saberlas manejar nos puede acarrear a la larga problemas más graves.

Miedo, ansiedad, frustración, angustia y enojo son los trastornos mentales que el coronavirus provocó en miles de hogares en todo el mundo y México no podía escapar de esta situación y los ejemplos sobran.

De acuerdo con las cifras de enero a mayo del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante el confinamiento se registraron 375 presuntas víctimas de feminicidio y mil 233 víctimas mujeres de homicidio doloso, dando un total de mil 608; es decir, un 6% más que en el mismo periodo de 2019.

Asimismo, se han contabilizado 23 mil 460 presuntas víctimas mujeres de lesiones dolosas y se han atendido a 108 mil 778 llamadas de emergencia al número 911, relacionadas con incidentes de violencia contra las mujer.

Pero no solo durante el confinamiento se incrementó la violencia intragamiliar. Apenas regresamos a la “nueva normalidad” los afectados por la pérdida de un ser querido, por la quiebra de su negocio o de su empleo desató en todos: enfado, odio y  frustración.

En una publicación del portal Psicoglobal, los expertos en salud mental explican que la ira siempre se presenta en situaciones de conflicto, ya sean con otros o con nosotros mismos y puede oscilar desde una leve irritación hasta el más profundo de los odios.

El enojo e impotencia que nos dejó la pandemia nos predispuso a la acción en un intento de protegernos de aquello que nos hace daño y que es el origen de esta emoción. Los expertos explican que “la ira como todas las demás emociones es una reacción compleja en la que se ponen en funcionamiento tres tipos de respuestas; una corporal  en la que nuestro cuerpo se activa para la defensa o el ataque; otra cognitiva en la que una injusticia, una falta de respeto o un obstáculo para conseguir una meta, nos provoca sentimientos de ira, aumentando la posibilidad de ser agresivos.

La última respuesta de la ira tiene que ver con la gestión conductual en estas situaciones, aunque experimentar y expresar la ira a través de la agresividad depende de las conductas que hayamos aprendido a lo largo de nuestra vida.

Lo que buscan estas reacciones –señala el estudio- es desahogar la frustración que ha dejado la pandemia en nuestras vidas y diversos hechos han dado cuenta de ellos en nuestro país durante la semana que recién concluyó:  La toma y vandalismo a las oficinas de la CNDH, la protesta en la Presa “La Boquilla” en Chihuahua, las marchas y el plantón de la CNTE en el zócalo; los enfrentamientos con policías en diversos estados como Michoacán, Jalisco o el Estado de México solo por mencionar algunos de ellos. Esto, sin considerar la preocupante y cada vez más recurrente conducta de los ciudadanos que hartos de la inseguridad se han hecho justicia por propia mano. 

Para enfrentar estas emociones, los expertos recomiendan mesura y responsabilidad. Atizar a este ambiente de encono, de ira y enfado –alertan- es lo que menos conviene en estos momentos.   

En las últimas semanas hemos escuchado al Presidente manejar un discurso de odio, de resentimiento contra toda autoridad del pasado a quien etiqueta como neoliberal o conservador, pero en particular con quien considera su principal  enemigo: el ex presidente Felipe Calderón a quien no le perdona haberle arrebatado la presidencia en el año 2000. Su resentimiento lo ha llevado incluso a convocar a campaña que carece de toda legalidad pero que cae en terreno fértil pues los mexicanos estamos muy muy enojados:  El Presidente ha impulsado  una consulta para  llevar a cinco ex presidentes a juicio, imponiendo sus propias reglas y haciendo a un lado el Estado de Derecho que establece que ante la comisión de delitos se debe aplicar la justicia, no ponerse a consulta.     

Mal hace el presidente en enarbolar ese discurso de venganza, de confrontación y de odio pues nada aporta a reducir la frustración y el enfado que flota en el  ambiente provocado por el impacto de la pandemia.

Ceder a la ira como lo ha hecho el Presidente  puede ser una forma de proteger su orgullo pues de acuerdo con los psicólogos, a veces es más fácil sentir ira que sentirnos heridos y ser conscientes de nuestra vulnerabilidad. A nadie conviene atizar a este ambiente de encono señor presidente. 

¡Bajémosle dos rayitas! a nadie conviene acrecentar el odio, el encono y la crispación. 

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