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Economía para Principiantes

Pensemos en positivo

Esa saturación de información respecto a lo que nos ha sucedido, ha tenido su lado positivo

Pablo Trejo

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Todos los mexicanos compartimos una especie de comportamiento colectivo frente a la adversidad. Ese comportamiento parecería provocar que de pronto, si algo fuera de lo ordinario sucede, nuestras conversaciones se convertirán en una especie de caja de resonancia global, y durante días, solamente hablaremos del mismo tema. Un ejemplo de ello es cuando la tierra se mueve debajo de nuestros pies. Repentinamente todos estaremos hablando de lo que estábamos haciendo a la hora del temblor y además nos teletransportáramos a vivencias de temblores pasados. Las redes sociales se saturarán de palabras y conversaciones alusivas, hasta que, con el paso de los días, la efusividad disminuye y poco a poco regresamos a los temas cotidianos.

La pandemia que enfrentamos, por su larga duración, ha estado presente en una gran cantidad de conversaciones en nuestras vidas, tanto familiares como sociales y laborales. De pronto parecería que lo único que sucede es la
pandemia, y por lo tanto todos nuestros problemas estructurales se convierten en secundarios. Al principio, todos estabamos atentos a lo que el Subsecretario Gatell nos informaba puntualmente sobre el aumento en el número de contagios y decesos, pero al paso de los días, esa información se convirtió en parte de nuestra normalidad, y tal y como sucede con las estadísticas del crimen organizado, a nadie parece importarle demasiado, o a nadie impresionan las cifras de mexicanos que diariamente pierden la vida, porque esas estadísticas y esos tópicos se vuelven parte de la normalidad.

Ahora bien, habrá que reconocer que esa saturación de información respecto a lo que nos ha sucedido, ha tenido su lado positivo. Desde el terremoto de 1985, nuestro país ha dado pasos agigantados en las medidas preventivas y reactivas frente a los movimientos telúricos. Sin el 85 no existirían las alertas sísmicas, los comités de protección civil en cada oficina, las escaleras de emergencia, o no se hubiesen modificado las reglas de construcción que nos permiten vivir en lugares más seguros. Es decir, de lo negativo sacamos resultados positivos.

Regresemos a la Pandemia. La normalidad ha hecho que nuestro interés en las cifras disminuya, pero, por otra parte, la costumbre de hacer uso del cubrebocas se ha convertido en parte de nuestra normalidad, a pesar de las señales cruzadas que hemos recibido por parte de la autoridad. Hoy en dÍa si nos encontramos a alguien sin cubrebocas en la calle o en un centro comercial, lo veremos con rareza y hasta con cierto desprecio. Así somos los mexicanos.

Lo que quisiéramos dejar como reflexión es que los momentos de mayor dificultad deben servirnos no solo para ocupar nuestro tiempo en las redes sociales, si no para modificar conductas negativas y mejorar nuestro entorno país. Si todos acatamos las medidas sanitarias, saldremos más rápido del embrollo en el que estamos metidos y, además, habrá consecuencias positivas colaterales. Estamos seguros de que, usando el cubrebocas, los casos de influenza disminuirán para esta temporada de fin de año y ese tipo de motivaciones ocultas deberían ser más visibles por el bien de todos.

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