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Pluma Invitada

¡Bien por Omar!

Desde aquella primera vez y en otras varias ocasiones, al leer los diarios he venido expresando lo que reza el título de esta colaboración: ¡Bien por Omar!

Óscar Espinosa

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La llegada de esta pandemia nos obligó a concentrarnos en las perturbadoras novedades y todo tipo de informaciones que trajo consigo. En mi caso, la distracción me hizo dejar pendiente un texto en el que había trabajado con el mismo título que éste, y relacionado con el actuar de Omar García Harfuch al frente de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México. Hoy, he decidido publicarlo, después de escuchar una interesante entrevista que le hizo Ciro Gómez Leyva.

 Conozco bien el reto enorme que supone manejar esa dependencia, especialmente en estos tiempos en que se ha deteriorado severamente el tema de la seguridad en este país. Si bien es cierto que cuando estuve al frente del gobierno de la Ciudad el problema al que nos enfrentábamos era muy diferente (y seguramente menos complejo), no dejaba de entrañar un reto de enormes proporciones. Por ello, tanto para el Presidente, como para mí, el tema estaba siempre en primerísimo lugar de la agenda.

 Como ya he relatado en este mismo espacio, siendo Presidente electo Ernesto Zedillo me preguntó a quién designaría yo al frente de la Secretaría de Seguridad y de inmediato le sugerí al General Fuentes Álvarez, un militar excepcional, que en aquel entonces estaba al frente del Heroico Colegio Militar. Argumenté que era fundamental incidir de fondo en la policía capitalina, lo mismo en sus valores, capacitación y adiestramiento; que en sus prestaciones y certidumbre, de manera que creáramos un servicio civil de carrera, basado en un verdadero compromiso y en el correspondiente reconocimiento y respeto de la sociedad. Y ello, me parecía, solo lo podría lograr un militar como Fuentes Álvarez, de una trayectoria ejemplar y con experiencia en la formación de soldados.

 Efectivamente, ya desde entonces, pensaba yo que solo la intervención de las fuerzas armadas (o por lo menos de sus tácticas, estrategias, valores y disciplina) podrían atacar de frente al fenómeno delictivo, aunque debíamos ser cuidadosos con el tema de los derechos humanos. Hoy sigo pensando lo mismo y es por ello que, en ese aspecto, coincido con las decisiones que ha tomado el gobierno federal.

 Habiendo simpatizado inicialmente con la idea, Zedillo, después de varias consultas, reconsideró el tema, preocupado por lo que podría interpretarse como la “militarización” de la policía. Se inclinó entonces por un civil para el puesto. Yo le sugerí, entre otros, a David Garay (q.e.p.d.), un hombre de una rectitud ejemplar y comprometido con el servicio público. Fue así que Zedillo lo nombró al frente de la Secretaría de Seguridad. Tiempo después, pretextando un abuso de la policía contra un grupo de manifestantes, injustamente lo destituyó, aprovechando que me encontraba fuera de México.

 Fue entonces que Zedillo tomó la decisión de incorporar, no a uno, sino a 110 militares a la Secretaría de Seguridad Pública, en lo que marcó un hito en la historia de la administración de la Seguridad Pública de la capital. De inmediato, este grupo comandado por el experimentado y prestigiado General Enrique Salgado Cordero, inició profundas transformaciones y emprendió cambios sensibles (no sin enfrentar muchas y poderosas resistencias); hasta que, en una decisión a mi parecer muy desafortunada de Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, a su llegada como Jefe de Gobierno de la Ciudad en 1997, tuvieron que volver a los cuarteles. Ahí están los hechos que nos muestran el avance de la inseguridad desde entonces y hasta nuestros días.

 Todos estos antecedentes vienen a cuento, pues desde que se dio el nombramiento de Omar García Harfuch, pensé que las cosas se estaban haciendo bien por parte de la Jefa de Gobierno, ya que García Harfuch reúne todas las características propias de un buen militar, pero siendo civil. Con mayor razón, a partir del atentado que sufrió, se lo reconozco aún más a nombre de los millones de personas que vivimos en la CDMX, ya que, obviamente ha sabido ubicar el problema en su justa dimensión y nombrar, en consecuencia, a un hombre de las credenciales de Omar García Harfuch.

 Mis lectores recordarán seguramente que fue precisamente este funcionario quien fue objeto de un salvaje atentado el pasado 26 de junio, en pleno Paseo de la Reforma. Esta agresión, que provocó la muerte de dos escoltas y una ciudadana, atribuyó al cartel Jalisco Nueva Generación, organización criminal bajo investigación de la Secretaría de Seguridad de la Ciudad de México, dirigida por Omar García Harfuch.

 La trayectoria personal de Omar García Harfuch y de su familia en los cuerpos de seguridad del Estado mexicano comienza con la participación de su abuelo, Marcelino García Barragán, en la Revolución Mexicana y en otras importantes posiciones públicas. El padre de Omar, Javier García Paniagua, a quien conocí bien, fue electo como Senador en 1970 y desempeñó varios cargos al interior del PRI hasta convertirse en el líder nacional del partido en 1981, cargo en el que tuvo la oportunidad de recorrer el país y construir las bases de un liderazgo personal. Durante el gobierno de López Portillo, fue nombrado titular de la Dirección Federal de Seguridad de la Secretaría de Gobernación, que llevó la tarea de vigilancia de seguridad del Estado durante esos años.

 Al igual que su abuelo y su padre, Omar García Harfuch orientó su carrera a los cuerpos de seguridad. Como licenciado en Derecho y en Seguridad Pública buscó especializarse en un programa de la Universidad de Harvard y en seminarios del Buró Federal de Investigaciones y la Administración para el Control de Drogas en Estados Unidos. Durante la gestión de Felipe Calderón, García Harfuch comenzó su carrera en la Policía Federal. Posteriormente, durante la administración de Enrique Peña, fue coordinador en Guerrero y jefe de la División de Investigación de la PF. En 2016, fue nombrado comisionado de la Agencia de Investigación Criminal de la Fiscalía General de la República donde permaneció el resto del sexenio.

 Durante su carrera, ha liderado las detenciones de personajes como Dámaso López, (a) El Licenciado, uno de los líderes del cártel de Sinaloa. Asimismo, coordinó los operativos que llevaron a la captura y extradición de Javier Duarte y de Roberto Borge. En su papel como Secretario de Seguridad de la Ciudad de México, condujo la captura de los líderes de la Unión Tepito y de la Anti Unión. Por ejemplo, una de las líneas de investigación de esta Secretaría es la posible coalición entre el cartel Jalisco Nueva Generación y las bandas de la Ciudad. Anteriormente, García Harfuch había participado en la detención a Raúl Flores, quien llevaba las finanzas del cártel.

Desde que, por primera vez vi la forma en que implementó importantes operativos en la Ciudad y en particular en Tepito, pude apreciar la forma y decisión con que este hombre habría de cumplir con su encargo (con los riesgos que ello implica) y vi la necesidad de manifestarnos abiertamente como ciudadanos en su respaldo. Con mayor razón considerando lo que sucedió en aquella ocasión del atentado, que no solo es un crimen de Estado, sino una agresiòn contra todos los ciudadanos. Desde aquella primera vez y en otras varias ocasiones, al leer los diarios he venido expresando lo que reza el título de esta colaboración: ¡Bien por Omar!

 

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