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Capital Político

Se pone negro el panorama moreno

Están acostumbrados a traicionar y están entrenados a apuñalar por la espalda a sus propios compañeros con tal de hacerse del poder

Adrián Rueda

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Quienes creyeron que al movimiento obradorista se habían subido los demócratas, son los únicos sorprendidos por la salvaje lucha interna que desde hace meses sostienen las tribus por el control de Morena.

Después de casi dos años de intentar ponerse de acuerdo para renovar la dirigencia nacional, las hordas pejistas han estirado a tal grado la liga que quien al final gane la contienda dirigirá un partido bien partido.

Ante las chicanadas de sus propios dirigentes, militantes de Morena se vieron obligados a pedir la intervención de las autoridades electorales para frenar el agandalle, obligando al INE a realizar una serie de encuestas para definir al ganador. Hasta el momento, quien puntea es el diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien tiene en su coordinador legislativo, Mario Delgado, a su principal adversario, pero la ventaja aún no es definitiva.

Ante lo cerrado de la contienda, ambos personajes han iniciado un intercambio de feroces señalamientos, incluso de corrupción, pegándole al discurso Presidencial que defiende la supuesta honestidad de los integrantes de la 4T.

Si algunos se asustan de esta sucia contienda es porque olvidan que los morenos de hoy son los perredistas de ayer y que al brincar al pejismo se llevaron con ellos su ADN belicoso, el cual los obliga a estar siempre con el cuchillo entre los dientes.

Están acostumbrados a traicionar y están entrenados a apuñalar por la espalda a sus propios compañeros con tal de hacerse del poder. Es más, los morenos de hoy son perredistas recargados que, en su gran mayoría, llevan acumulado un gran rencor porque durante mucho tiempo fueron apartados del poder y de la ubre presupuestal pública. Traen sed de venganza y el problema es mayor porque no tienen un líder sólido que los meta en el redil o que se siente con ellos a repartir el gran pastel que ganaron. Tienen la Presidencia de la República, la jefatura de Gobierno y el control de las cámaras.

La oposición prácticamente no existe. Todo el dinero y los puestos están a su disposición y, al no tener depredadores naturales, lógico es que la guerra se lleve al interior del partido, desatándose un canibalismo político nunca antes registrado. Y cómo no va a haber pleitos, si para buscar el poder absoluto Morena abrió la puerta a cuanto cacique levantó la mano. Se unieron en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, cuyo liderazgo les garantizaba, además de la purificación, el acceso al poder.

La invitación fue abierta y lo mismo se afiliaron viejos luchadores sociales que verdaderos pillos, algunos al borde de la prisión, quienes aportaron su dinero o sus mañas como mapaches y ahora que ganaron se niegan a ser sometidos.

Cada quien cuida sus propios intereses y, ante la guerra por la dirigencia nacional, prefieren fortalecerse en sus territorios y pelear cada quien por su propia causa, en espera de que sea al lado de los radicales o los puros; o de los pragmáticos o arribistas.

 

CENTAVITOS… Finalmente, los morenos de Donceles accedieron a bajar la iniciativa para permitir a los niños trans cambiar su identidad de género tan sólo con solicitarlo ante un juez del Registro Civil. Aunque la fracción lo vende como una concesión para dar más tiempo al análisis del polémico tema, lo cierto es que a Claudia Sheinbaum el asunto no le acaba de agradar, y menos por la oposición que también se deja sentir desde Palacio Nacional.

Periodista, especializado en política de la CDMX. Editor y columnista

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